COFRADIA SANTA MARIA DE LA ALHAMBRA


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PRESENTACION DEL CARTEL DEL REALEJO 2013

EXALTACIONES > PREGONES ESPECIALES

Queridas Hermanas Comendadoras, Hermanos Mayores,

queridos amigos, algunos venidos de lejos para acompañarnos en éste acto, hermanos…
Buenas noches a todos, sed bienvenidos y gracias por vuestra asistencia.
Aunque, desafortunadamente, no es lo más común, a veces, la vida nos sorprende y nos concede la posibilidad de vivir momentos dichosos y agradables e incluso de realizar tareas muy ilusionantes y sugestivas. Y eso es justamente, lo que a mí me ocurrió cuando recibí el encargo de presentar ésta noche ante todos ustedes y ante toda Granada, éste extraordinario cartel.
Y la tarea es ilusionante por varias razones:
Primero porque de lo que hablamos es de Semana Santa, segundo porque se trata nada menos que del Realejo y en tercer lugar y no por ello menos importante, porque la protagonista es mi madre del cielo, Santa María de la Alhambra.
Este cartel es esperado con interés en los ambientes cofrades, porque siempre se esfuerza en mostrar momentos realmente espectaculares y llamativos de nuestros desfiles procesionales.
No podemos pasar por alto el hecho de que, y con esto no creo que nadie deba ofenderse, en éste barrio tienen su sede, salvo honrosas excepciones, algunas de las más carismáticas, representativas y populares hermandades de toda la Semana Santa Granadina
He de confesaros, que al contemplar éste cartel por primera vez, enmudecí. Literalmente, me dejó sin palabras. Tal es, desde mi punto de vista la impactante belleza y armonía estética de ésta imagen.
Soy un apasionado del arte y me alegra mucho comprobar que gracias a los medios, los conocimientos y las técnicas actuales, la fotografía alcanza, semejantes niveles de perfección y expresividad artística.
El autor de la instantánea, Carlos Choín, al que quiero felicitar, desde éste momento, efusivamente, por éste magnífico trabajo suyo, es uno de los más prolíficos y laureados profesionales de la fotografía con los que cuenta nuestra ciudad.
Nacido en Granada en el año 1969, es Graduado por la escuela de Artes y Oficios, en la especialidad de fotografía artística. Desarrolla su tarea profesional, fundamentalmente en el ámbito cultural, editorial y cofrade. Es el autor de un buen número de catálogos de importantes exposiciones de diversatemática, así como de los carteles oficiales de la Semana Santa de Granada de los años 1993, 1998 y 2013., el cartel oficial de Baza del año 2010 y el de Guadix del año 2011
Ha recibido múltiples galardones y son suyos también numerosos carteles de éste barrio del Realejo, del bar León y deconocidas tertulias cofrades como Prioste y Granada entre Varales.
Trabaja para importantes instituciones como la Delegación de Cultura, la Capilla Real, el Museo de la casa de los Tiros, el Festival internacional de Música y Danza y en el Gabinete de Comunicación del Excelentísimo Ayuntamiento de Granada.
Algunas de sus obras forman parte de la colección de Arte Contemporáneo de la Universidad de Granada
Como ven, un gran curriculum de un profesional de tan depurada técnica como capacidad creativa.
Miremos éste cartel, con la atención que merece. Quizás fue sólo un impulso natural, a lo mejor fue algo muy premeditado y elaborado o quién sabe si algo o alguien mandó un mensaje a su sub consciente para que apretara el botón, en ése preciso segundo, en ese instante feliz.PeroCarlos Choín, ha conseguido captar en ésta instantánea, la imagen de un sueño. Es como una visión onírica de una estación penitencial.
Ella, protagoniza y preside ese sueño, enfoca y capta hipnóticamente la atención de aquel que contempla ésta imagen. Ella, allí arriba, blanquísima, pura y deslumbrante,como el resplandor de la nieve bajo la luna llena. Conjuga en sus divinas hechuras todas las humanas virtudes imaginables: Belleza, encanto, gracia, armonía, equilibrio, dulzura, serenidad, indulgencia, mansedumbre.
Se me acaban las palabras, se me acaban los adjetivos y los piropos y todos me parecen insuficientes y poco expresivos, cuando quiero hablar de Ella…
Yo la contemplo e inconscientemente, de los profundos registros de la memoria, me brota el recuerdo de aquella canción que cantaba de niño con mis compañeros maristas, en las ofrendas del mes de Mayo…”eres más pura que el sol, más hermosa que las perlas que ocultan los mares…. Salve, salve, cantaba María, más que tú, sólo Dios, sólo Dios….”Qué bonita era aquella canción, cuantas verdades dice y que bien expresa lo que sentimos todos los que queremos a María.
La extraordinaria imagen de Nuestra señora de las Angustias de la Alhambra, acogiendo en su regazo el desplomado y quebrado cuerpo de su hijo, se eleva, triunfante, sobre un casi abstracto torbellino de cabezas; humanas en realidad, pero que se antojan, entes espirituales, enigmáticos adoradores, habitantes de otra dimensión, con sus anónimos rostros, huidizos y desenfocados.
Es como si todo fuera irreal, desdibujado, confuso y carente de importancia ante su gloriosa presencia.
Los otros rostros que aparecen al fondo de la escena, clavan sus ojos en la imagen de la Virgen que se aleja, con miradas de asombro, admiración, respeto y melancolía.
Los árboles ofrecen un armonioso fondo de plano y un relevante contraste cromático. Esas frondosas ramas, verde esmeralda, parece como si trataran de aislar a la Señora, alejándola de la ciudad e invitándole, con sutileza a que vuelva a su bosque Alhambreño cuanto antes, porque sienten que les falta la vida, cuando Ella no está.
Hay una vivienda al fondo, haciendo un efecto muy teatral muy escénico.Sólo tiene luz en una de sus ventanas, pero, realmente, no parece que haya nadie. Quien puede permanecer en casa, estando la Reina de la Alhambra en la calle y tan cerca…??
Carlos Choín tomó esta instantánea aprovechando, oportunamente, ese momento intenso y emocionante de la estación de penitencia, en el que, ya de regreso a su templo, el paso de nuestra Señora se detiene, unos minutos, en la embocadura de la Cuesta de Gomérez, para que ,según antigua tradición, el pueblo de Granada suba a su querida Angustias de la Alhambra, a ritmo de tambor, hasta la Puerta de la Justicia, donde los costaleros de la Hermandad, tomarán el relevo de nuevo, para hacer la difícil entrada en el recinto amurallado.
El color, es el segundo gran protagonista de éste cartel. Sugerente, intenso, llamativo. Es una feliz coincidencia, pero las tonalidades que se combinan, son las mismas que eligieron los artistas Nazaríes para policromar las yeserías de la inmortal Alhambra: Rojo, azul, verde y dorado. Colores que simbolizaban para ellos y para los alquimistas de la época, los elementos básicos que componen nuestro mundo: La Tierra, el fuego, el aire y el agua.
Rojos, son los claveles del calvario y las llamativas anthurias que adornan las esquinas del paso,verde las hojas de la arboleda, azules los iris, así como la suave luz que ilumina el interior de la galería de arcos de plata que ciñen y soportan su trono, como azul es, también, el propio manto de la Virgen. Y el color dorado es Ella misma, que desprende su propia luz, irradiando Santidad y Gloria e inundando toda la escena, con la celestial claridad de su divina presencia.
Como testimonial muestra del gran cortejo que acompaña a Santa María, en la imagen sólo aparecen, curiosamente, cuatro anónimos componentes del mismo; dos penitentes y dos costaleros, ubicados, todos ellos, por efecto de la casualidad de la forma más equilibrada, compensada y armoniosa.
Hay dos capillos de raso azul, justo en el centro de la imagen, plantados ante el paso de la Reina de la Alhambra, formando ante Ella, una tan casual como afortunada y enigmática letra “V” que nos sugiere su propia y constante victoria. Su victoria humilde pero eterna y definitiva sobre el mal, el pecado y la muerte.
Los dos rostrillos de tela blanca que aparecen bajo el paso, es un detalle que por desgracia y muy a mi pesar, es prácticamente ya historia, por efecto supongo de las modas y de las formas actuales de entender el arte de la trabajadera. Una verdadera pena.
Igualmente se aprecian los dos leones de plata frontales, tan característicos de nuestro paso, ahora ya haciendo funciones de felinas maniguetas. Son el único vestigio de aquellos largueros exteriores que proporcionaban una imagen tan peculiar, tan personal y tan distinta a nuestro paso.
Aunque la imagen no hace concesiones al paisaje ni se recrea en ningún edificio o enclave emblemático de nuestra ciudad, porque prefiere centrarse en el bullicio y el calor del momento concreto, está claro que nos encontramos en Plaza Nueva.
Una plaza que, como dicen los mayores, no es plaza sino rio. Oculto y cubierto por un gran puente, por una gran bóveda, pero rio en definitiva.
Nuestro querido y humilde rio Darro, corría descubierto y tranquilo por éste espacio, entre el puente de Santa Ana, llamado por los musulmanes de los Alhajames o barberos y el de Hatabín o de los leñadores, que unía el final de la calle Elvira, la actual placeta de san Gil, con la placeta de Cuchilleros.
Todo se cubrió después de la conquista cristiana, con el fin de deshacer el anárquico entramado urbano de la época medieval y crear espacios públicos para esparcimiento y comodidad de los ciudadanos.
Plaza Nueva tiene su especial protagonismo y vive sus particulares momentos de gloria, como paso obligado y cruce de caminos de las hermandades del alto Albayzin, Acera del Darro, Alhambra y Plaza de Santa Ana. Ciertamente es un rincón de Granada, noble, genuino y castizo donde los haya.
Un cartel no es sólo un muy eficaz sistema de anunciar cualquier acontecimiento, es también y en sí mismo, una auténtica declaración de intenciones y lleva, siempre, inherente un mensaje.
Para nosotros, españoles, andaluces, granadinos y cristianos, el mensaje de éste cartel, nos es muy familiar, nos llega con nitidez y entendemos con claridad cada uno de sus símbolos y señales.
Pero el que les habla, después de muchos años trabajando día a día con visitantes que llegan a nuestra ciudad, provenientes de países y culturas muy diversas y con creencias, costumbres y tradiciones muy distanciadas o a veces diametralmente opuestas a las nuestras y viéndome en la necesidad de hacerles entender porque somos como somos y porque hacemos lo que hacemos, he aprendido a mirar y a observar con los ojos de un turista foráneo. Y a veces, resulta una experiencia interesante.
Excepción hecha del mundo hispano, en general y de los centro-norte europeos con los que compartimos, en muchos casos cultura y religión, para un oriental, por ejemplo, sigue siendo difícil de entender que tengamos como símbolo de nuestra religión, un antiguo instrumento de tortura de época romana o que nos guste mostrar a nuestro Dios, cubierto de lesiones y graves heridas o que nuestra principal y más importante deidad femenina esté siempre triste y llorosa y nos empeñemos en atravesar su pecho con enormes cuchillos. Las representaciones iconográfica religiosas en sus países de origenson ciertamente mucho más sonrientes, felices y de gestos siempre gentiles y amables.
Para alguien proveniente de Norteamérica, constituye todo un enigmael porqué, nos tapamos la cara y deformamos nuestras cabezas con esos extraños conos puntiagudos cuya contemplación les produce mucho recelo y turbación, por su gran parecido con cierta secta de triste recuerdo creada en 1865 por veteranos de la guerra de secesión americana, cuyos fines eran, ciertamente, crueles y violentos.
Estarán de acuerdo conmigo que cuando alguno de los visitantes que les he descrito vean éste cartel, por las calles de Granada o adornando las paredes de algún establecimiento hosteleros de nuestra ciudad, seguramente se harán muchas preguntas.Preguntas que yo me apresuro a responderles, diciéndoles que:
Nuestros Cristos, sufren porque nos vemos reflejados en ellos. Porque los andaluces somos un pueblo sufrido, que a pesar de toda la inmensa riqueza cultural, histórica y material que atesora, ha soportado y soporta muchas burlas, muchos desprecios, mucha indiferencia, mucha injusticia, que se nos ha tachado de todolopeor y no valoran, suficientemente, casi nada de lo que hacemos, que siempre tenemos que ser los últimos en lo bueno y los primeros en lo malo.
Que nuestras vírgenes lloran y tienen el corazón traspasado porque somos un pueblo Mariano por excelencia y así representamos su dolor y su tristeza como corredentora y compartiendo con su hijo su pasión y su muerte. Pero, que las alzamos en un trono, le ofrecemos flores y las coronamos de oro, porque para nosotros la mujer, es la obra maestra de la creación divina y una madre, es la pieza clave, la piedra angular, imprescindible y fundamental en la vida de toda persona.
Y también les diría que, si miran con atención y en detalle éste bellísimo cartel, se darán cuenta de que somos gente a la que Dios ha dotado del genio del arte y de la admirable destreza de la artesanía.Que sabemos repujar la plata de forma magistral, que tallamos e incrustamos la madera con técnicas que aprendimos hace cientos de años, que creamos joyas de incalculable valor por la pureza de los materiales y la genialidad de los diseños, que grabamos y tintamos el cristal con métodos que antiguos científico y alquimistas ya usaban, mucho antes de que la mitad del mundo fuera civilizado, que bordamos la seda con tal delicadeza, que parece obra de ángeles, que conocemos, desde antiguo, el lenguaje de las flores y su significado simbólico, que sabemos usar sus colores para representar y transmitir sentimientos y sensaciones. Y yo lescuento también que hemos sido, Iberos, fenicios, romanos, visigodos, judíos, musulmanes que somos, por tanto ,el resultado de una sorprendente mezcla de pueblos, razas y culturas y que por eso somos, tolerantes y abiertos y hemos sabido tomar de cada periodo, de cada aportación, de cada religión lo mejor y más relevante. Ymezclándolo, lo hemos hecho todo uno. Por eso, esta sublime imagen de Santa María de la Alhambra se pasea sobre un trono decorado con arcos de gusto islámico donde se lee una y mil veces “sólo Ala es vencedor”. Y no pasa nada y todo es normal. Porque para nosotros, Dios es sólo uno, aunque tenga mil nombres.
Somos creyentes, temerosos de Dios y confiados en su bondad. Amantes de la belleza, de la sabiduría y de la alegría de vivir.
Este cartel, queridos hermanos, expresa todo eso y todo lo que nuestros corazones y sentimiento sean capaces de poner en él, que seguro, es muchísimo.
Pero sobre todo, desde mañana mismo, este cartel anunciará al mundo entero, con sus elegantes y solemnes letras góticas doradas, que ese tiempo, que los cofrades disfrutamos y sentimos con desmesurada intensidad, esa manifestación religiosa incomparable, esa apasionante tradición ancestral, está a punto de llegar. Y que para vivirla, en la magnitud y con el sentimiento que a nosotros los cofrades nos gusta, hay que venir, necesariamente, a éste barrio del Realejo.
Que así sea!!!

Muchas gracias.




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