COFRADIA SANTA MARIA DE LA ALHAMBRA


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PREGON REALEJO 2013

EXALTACIONES > PREGONES ESPECIALES

En el nombre de Dios Padre, creador de todo lo visible y lo invisible…
En el de su único hijo, Jesucristo, Nuestro Señor y Redentor…
Y en el del Espíritu Santo, dulce huésped del alma, fuente de luz y de gracia…
Elevo mi oración para rogaros, que obréis el prodigio, de tornar mis simples palabras en conmovidas alabanzas, en sentidas y apasionadas oraciones, como fiel reflejo de nuestra devoción y del amor de nuestros corazones.
Os pido, humildemente, que miréis con complacencia a ésta asamblea de hijos vuestros, reunidos en vuestro nombre,a este pequeño pero sincero concilio de buenos cristianos, que queremos ser, ante todo,animosos y activos constructores del Reino de Dios. Amén.
Debo comenzar, queridos hermanos, por devolverle a mi presentador, todo el afecto y el cariño que ha puesto en sus palabras, gracias, querido Roberto, hermano cofrade, amigo, antiguo compañeros de Junta de Gobierno, con el que he compartido algunos de los momentos, más históricos y emocionantes de nuestra Hermandad. Gracias, de todo corazón, por tus palabras de presentación, colmadas de afecto sincero, sentimiento que de, sobra sabes, es recíproco.
Reverenda madre Abadesa y hermanas de la Comunidad, que hoy nos acogenen su hermoso recinto monacal, muy estimados hermanos mayores y juntas de gobierno de las Cofradías convocantes de éste acto, señoras y señores, hermanos todos en Cristo, buenas noches, sed bienvenidos y conforme al protocolo, contando con vuestra venia, me dispongo a proseguir con mi alocución.

Era aquella una noche fría y desapacible del pasado mes de Enero, que sobrellevaba de la mejor manera posible, en compañía de Carmen, mi mujer, Alfonsito, el menor de mis hijos y de algunos buenos amigos, tertulianos habituales, con los que charlábamos, entre otras cosas, de los temas inevitables y recurrentes de estos durísimos tiempos que nos han tocado vivir y por supuesto, como no, de Semana Santa, tema favorito siempre en nuestros encuentros. Todo aquella amena plática, la aderezaron nuestros anfitriones, con un ligero refrigerio compuesto por algunas de las delicias culinarias, con las que el buen Dios ha querido bendecir a nuestra tierra andaluza.
En ello estábamos, cuando en lo más álgido de aquel animado coloquio, irrumpió en la conversación el sonido del móvil, ese artefacto, tan imprescindible como infame y que es ya parte intrínseca de nuestras vidas. Al atender la llamada, mi sorpresa fue superlativa. Al otro lado de la línea, Antonio olivares, mi Hermano mayor, me comunicaba, haciendo gala como siempre de sus excelentes hechuras lingüísticas, el recién tomado acuerdo, en Junta de gobierno, de proponerme como pregonero de la Semana Santa del Realejo.
Al oír aquello
, os confieso que, todo fue uno en mi interior; asombro, impresión,alegría, temor, agradecimiento… auténtico maremágnum de sensaciones.
“Tómate tu tiempo y lo piensas, ya me darás una respuesta”, me dijo Antonio. No hay nada que pensar le contesté, saliendo lo más rápido que pude de aquella conmoción. Y no lo hay por dos razones: la primera porque pregonar al barrio del Realejo y a su Semana Santa, es un privilegio excepcional, una distinción extraordinaria e irrepetible y en segundo lugar, porque me lo pide mi Hermandad, mi Hermandad de la Alhambra, a la que siempre he servido y serviré, cada vez que me lo solicite.Así que no hay más que hablar, Antonio, cuenta conmigo.
El día señalado llegó y aquí me encuentro hoy, llevando a cabo esta gratísima tarea.
Ante todo quiero pedir disculpas por la osadía, por el atrevimiento que constituye el hecho de que pregone al Realejo alguien que no es de aquí, por eso solicito, desde éste momento, vuestra comprensión y benevolencia.
En verdad no soy realejeño, si es que se dice así. En fin, nadie es perfecto, pero espero al menos que desde hoy, se me considere de éste barrio, aunque sea, en adopción.
El agua bendita de la pila bautismal, me convirtió en miembro de la comunidad cristiana en la iglesia de la Magdalena, en el corazón del barrio del mismo nombre, bajo la atenta mirada y la bendita protección de las manos atadas de mi muy querido, Cristo del Rescate, con el que mantengo aun hoy en día, una muy especial y muy intensa relación. Él y yo compartimos cosas…Él y yo hablamos con frecuencia sin palabras, Él ha obrado prodigios en mi….
Pero aun nacido lejos de estas calles y creedme que os lo digo sin accidentales oportunismos, os confieso que, cada vez, cada ocasión, en la que quiero percibir intensamente mi ser, y mi condición de granadino, me vengo a pasear por el Realejo.Cada vez que siento la necesidad de viajar en el tiempo, para comprobar aquella ancestral tolerancia que ha hecho de Granada lo que es hoy, sin más esfuerzo que el de caminar algunos pasos, vengo aquí, al Realejo. Cada ocasión en la que quiero sentirme cerca de mis ancestros, de mis raíces judeoconversas,cada vez que quiero revivir el glorioso pasado de mi Granada, de palpar en mis ojos la grandeza, la belleza ,la sabiduría y la exuberancia de la que fue dueña mi querida ciudad….tengo que venir al Realejo.
Y cada vez que lo hago, constituye para mí, ciertamente, una experiencia placentera y gratificante.
Porque el Realejo, todo el, el alto y el bajo, desde Torres Bermejas a la Plaza Nueva, desde el Campo los Mártires aBibataubín ha sido y sigue siendo uno de los barrios con más marcada personalidad, más fuerza expresiva y más carácter de Granada.
Desde sus más remotos orígenes, a mediados del siglo XIII, al surgir los arrabales de los alfareros y de la loma, extramuros del recinto sur de la medina Alhambra, este fue siempre un lugar predilecto para la realeza árabe, que lo escoge como lugar de descanso y esparcimiento, creando extensas fincas de recreo, hermosas almunias integradas en fértiles huertos y babilónicos jardines, generosamente regado por ramales de la acequia Gorda y la del Cadí.
Precisamente por la extraordinaria belleza y la peregrina amenidad de estos lugares es por lo que, entre otras cosas, Granada fue llamada por poetas árabes medievales, como Al – Saqundi, la Damasco de Al-Andalus...?
Granada le debe al Realejo buena parte de su fama universal e inmortal. Tanto es así, que por deberle, Granada le debe al Realejo, hasta su nombre. Porque, como todos sabéis, en algún lugar no demasiado bien determinado de éste histórico barrio, estuvo ubicada,Garnata- al-yahud, la mítica judería, de la cual, aunque no ha quedado ningún vestigio visible, ostenta el inmenso honor de haber legado su nombre a toda la ciudad de Granada, así como su hermosa simbología.
Caminar por el Realejo, es una experiencia enormemente sugestiva e intemporal. Los evocadores nombres de sus calles y plazuelas, nos traen a la memoria, nostalgias de un maravilloso tiempo pasado, que en algunos casos, si fue mejor, así como lugares que son solo recuerdo o incluso, personajes históricos de extraordinaria talla espiritual e intelectual, que confieren al barrio su especial empaque y personalidad.
Calle molinos,por ejemplo, arteria principal del barrio, así llamada por la Puerta árabe, ubicada al final de las Vistillas de los Ángeles, que a su vez tomó su nombre de los molinos harineros que allí funcionaban, gracias al empuje de un ramal de la acequia Gorda, antes mencionado.Cinco llegaron a ser en su día: el de la calle Solares, el de la Cuesta del Pescado, el de Enriqueta Lozano, el de plaza de Carretas y el de Santa Catalina Baja.
Calle Pavaneras, en recuerdo de aquellos entrañables talleres textiles donde se confeccionaban las “pavanas”, aquella antigua prenda de vestir femenina que a modo de esclavina servía para cubrirse el pecho y los hombros.
Santa Escolástica, donde hubo un hermoso templo dedicado al culto de aquella venerada mujer, hermana que fue de San Benito de Nursia, fundador del Monasterio de Montecassino, toda su vida fue santificante y ejemplar y de ella se cuenta que al morir, su alma subió al cielo en forma de una blanquísima paloma, ante la atónita mirada de los que allí estaban.
Calle Jarrería, el único vestigio nominal del antiguo barrio de los alfareros.
Padre Suárez, también llamada de los Tiros, una delas más bellas e historicistas plazas de toda Granada, obra maestra de ambientación y ordenación urbanística de Gallego Burín, que nos trae a la memoria, el recuerdo de aquel extraordinario erudito, esclarecido personaje de enorme altura intelectual. Filósofo, teólogo, jurista, místico y diplomático, jurisconsulto y elocuentísimo defensor de la fe católica nombrado por la Santa Sede, doctor eximio y Pío.Orgullo de éste barrio, de Granada y de España entera.
En el número 22 de la calle Molinos, que antes nombramos, existió una casa a la que se le conocía como Corral de Paso. Era un antiguo edificio que comunicaba ésta calle con la de Santiago a través de un laberíntico corredor trazado entre antiguas casas moriscas. Bajo la sombra de aquellos oscuros cobertizos, vino al mundo, de las entrañas de una humildísima lavandera, otro eximio personaje de nuestra historia, predilecto hijo del barrio, Luis de Sarriá, nuestro Fray Luis de Granada. Uno de los más influyentes maestros espirituales de la Reforma Española, excelso predicador y maestro de Sagrada Teología de la Orden de Santo Domingo.
Para que seguir..??.Como muestra, son más que suficientes las hasta aquí nombradas, para comprobar y demostrar el admirable y prestigioso pasado histórico que el Realejo atesora.
En la Granada cristianizada, una legión de nobles familias genovesas y castellanas, eligieron éste barrio para empezar una nueva vida. Apellidos de rancio abolengo, establecieron aquí sus mansiones y casas solariegas. Apellidos de alcurnia comoCenturione,Spinola, Lomelino, Gentile, Álvarez de Toledo, Porcel de Ribera, Vázquez Rengifo, Téllez Girón, son sólo algunos de ellos, quizás los más sonoros y llamativos.
Y los conventos. El Realejo es un barrio de marcadísima implantación conventual. Tanto es así que su fisonomía, su urbanismo está en muy buena medida determinada por las tapias y muros claustrales.
Santa Catalina, Los Ángeles, Santa Cruz la Real, el Carmen, San José y por supuesto, éste acogedor y hermoso de las Comendadoras de Santiago,que, tan amablemente, como siempre, nos acoge hoy.
Esta Real Casa de Madre de Dios de la espada de la Orden de caballería de Santiago. Este santo lugar ha estado desde siempre, envuelto en una aureola de santidad y nobleza. Su fundación fue un empeño personal de la reina Isabel, administradora perpetua del Mayorazgo de Santiago. La historia cuenta que, los Católicos monarcas asistieron a la inauguración oficial el 8 de Julio de 1501.
Se asegura, igualmente, que el propio rey Fernando sentó por su misma real mano a la primera prelada Comendadora en su silla y le hizo solemne entrega de las llaves de ésta Real Casa, como señal de posesión de ella, tras lo cual, Fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina, Arzobispo de la ciudad recién conquistada, celebró la misa Pontifical.
Isabel de Castilla, gustaba de frecuentar el convento y acompañar a las monjas en sus rezos y en la celebración del oficio divino, incluso hacía ganchillo y ayudaba a bordar ornamentos sacerdotales.
Este cenobio que hoy nos acoge, presumió durante siglos de la pureza de sangre de sus internas, de tal suerte que, era condición indispensable para ingresar en él, demostrar que se poseían al menos dieciocho ascendientes familiares que tuvieran la condición de cristianos viejos.
Fue uno de los pocos conventos que escapó a las exclaustraciones forzosas del siglo XIX y muy recientemente, se ha constituido en punto de partida del llamado “camino mozárabe de Santiago”. Interesante iniciativa que pretende recuperar la llamada Ruta Jacobea del Sur practicada por los mozárabes, que llevaba desde Granada hasta Mérida, donde enlazaba con la antigua “ Vía Dilapidata”, o lo que es lo mismo, calzada empedrada, más conocida popularmente como Vía de la Plata, por deformación de su nombre original.

Para mí, que amo de manera tan apasionada la historia antigua y las tradiciones de mi ciudad, es algo muy significativo y muy emocionante, un privilegio y un inmerecido honor, el hecho de estar hoy aquí, en el corazón de éste barrio, en éste sagrado lugar, formando parte, aunque sea de forma efímera y humilde de la historia y realizando éste acto de devoción y de Fe.
Gracias Realejo, gracias, por éste hermoso regalo que hoy me haces, que desde hoy mismo, pasará a formar parte de mis más agradables recuerdos como granadino y como cofrade.

No hay ninguna duda, algo está cambiando, se nota en el ambiente, hay un aire distinto, como amable, optimista. Es algo palpable, está llegando un tiempo nuevo y no sólo porque lo dice el calendario. Definitivamente, la primavera se abre paso y empieza a dejarse notar, tímidamente.
El reloj cofrade se ha puesto en marcha saliendo de su invernal letargo. Todos los que amamos ésta bella tradición religiosa nos sentimos distintos y renovados. Para nosotros comienza una gozosa e ilusionante cuenta atrás. Es Cuaresma, tiempo de penitencia y preparación.
Durante éstos cuarenta días, nosotros los creyentes, tenemos una nueva oportunidad de revisar, cómo estamos viviendo nuestra vida espiritual, nuestra creencia, nuestra religiosidad. Debemos aprovechar eficazmente ese tiempo para considerar de forma sincera, si nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestros hechos cotidianos, realmente se corresponden con lo que significa ser cristiano, con lo que en su momento nos comprometimos a ser. Es momento de renovar nuestra lucha contra los tres conocidos radicales, los tres afanes humanos, tan antiguos como poderosos que nos incitan de forma insistente a apartarnos de nuestro camino recto. Me estoy refiriendo al afán del placer, del poder y del tener. La acumulación de riqueza económica o material, la lucha por el posicionamiento social o nuestra indolente laxitud cuando nos dejamos llevar por lo fácil, nublan y contaminan definitivamente lo que debería ser nuestro proyecto de vida, según las enseñanzas de Cristo.
Para luchar contra esto, disponemos de tres armas, tres apoyos inestimables, que nos ayudarán a abrir los ojos y encontrar la luz: el ayuno, la oración y la limosna.
Nosotros los cofrades, debemos madurar en nuestra Fe, debemos ser exigente con nosotros mismos y no conformarnos con los aspectos cultuales y culturales de nuestra actividad. Ni siquiera debemos conformarnos con engrosar nuestras bolsas de caridad o nuestra colaboración con comunidades o entidades religiosas.
Yo quisiera, que profesar la religión cristiana, fuera una actitud, una forma de ser, algo que fuera palpable en nuestras palabras y nuestros hechos habituales y cotidianos.
A los cofrades, se nos debería de identificar no por llevar una medalla con determinada simbología o un bonito símbolo en la solapa, sino porque nuestra forma de actuar denote que realmente, estamos trabajando en la construcción del Reino de Dios, que no es otra cosa, ni más ni menos que intentar, hacer, cada día, del nuestro, un mundo mejor, esforzándonos por mejorar nuestro trato y relación diarios con las personas de nuestro entorno, empezando por los más cercanos, nuestra pareja, nuestros hijos, la familia, vecinos, compañeros de trabajo,etc., así como con aquellos con los que tengamos dificultades de relación y entendimiento o incluso, declarada enemistad.
Sería una forma de empezar. A priori y sobre el papel, parece algo simple y sencillo, pero si lo meditáis, no es tan fácil, mantener una actitud benevolente y apacible ante las contrariedades y berrinches de toda índole, que la vida nos presenta a diario.
Me viene ahora a la mente, una de las muchas extraordinarias anécdotas de nuestro queridísimo y admirado Fray Leopoldo, según la cual, cierto día, el Beato se encontró con la desagradable sorpresa de que algún otro hermano del convento había, desecho incompresiblemente, cierta tarea que él había realizado con mucho cuidado y esmero. Cuando supo quién, entre sus compañeros era culpable de semejante faena, lo buscó por todo el convento y cuando lo encontró se dirigió a él rápidamente y colocándole los brazos sobre sus hombros, le dijo: “Hermano, el demonio ha trajinado y hecho todo lo posible para que tú y yo nos enfademos, pero no lo ha conseguido. Así que dame un abrazo y demos gracias a Dios…”
Impresionante, sin duda, ojalá llegue el día en el que ésta actitud benevolente y pacificadora, sea moneda común en el trato entre todos los seres humanos. El mundo, sin duda, sería otro.

En los cuarenta días que anteceden al Domingo de Ramos, la actividad cofrade es frenética y febril y no da tregua. Las casas de hermandad empiezan a llenarse de gente cada tarde y hay muchas tareas que realizar; tarjetas de sitio, listados, recibos, recogida de hábitos, reparto de cargos y enseres para la estación de penitencia.
Tras las misas, los templos no cierran como cada noche porque priostes y albaceas se afanan en levantar los más impresionantes y efímeros altares para los diferentes cultos.
Se limpia la plata, se ciñen las telas, se levantan doseles, se ajustan los cirios, se adorna con flores y en los descansos de la tarea, siempre la misma pregunta… Oye, has visto las cabañuelas, nos lloverá éste año…..?
En esos días, el Realejo palpita, se transforma y vive de manera muy intensa, ese tiempo que antecede a la semana más grande de todo el año.
Carteles de todas las hermandades, empiezan a aparecer por todas partes y adornan las calles y locales del barrio.Charlas, conferencias,cultos, triduos y quinarios, llenan los templos, las parihuelas de ensayo, surgen silenciosas de la oscuridad de las calles y plazas y nos brindan la oportunidad de admirar y valorar la técnica y el trabajo costalero.En los castizos locales de antigua tradición cofrade, se charla de forma apasionada e interminable, de estrenos, de adornos florales, de bandas, recorridos, de marchas, horarios y se defienden opiniones sobre los temas más variopintos y peregrinos, de forma a apasionada, a veces,como si la vida nos fuera en ello.
El Realejo se prepara en esos días para celebrar su Semana Santa, para vivir días de gran intensidad y brillantez, días de emociones, de expectación, de lágrimas, esfuerzo, sacrificio, penitencia, compañerismo, hermandad y por supuesto, satisfacción por el deber cumplido.
Nadie va a quedar indiferente ante la increíble manifestación religiosa popular que estamos a punto de vivir,mezcla de tres elementos aparentemente sencillos pero en realidad inabarcables, que son la clave de éste bellísimo y multitudinario acontecimiento.
La Fe, el arte y la tradición, nada más y nada menos.
Por todo lo dicho hasta ahora, dejadme hermanos que os confiese lo que mi corazón siente.


Al llegar Semana Santa
El Realejo es a Granada,
Lo que Triana a Sevilla
Pero sin rio ni puente
Ni Virgen en su capilla.

El Realejo tiene su mar
De gente buena y cabal
De gente amable y sencilla,
Que ocultan hondo sus penas
En lo oscuro de un capillo
El ajuste de un costal,
O el bordao de una mantilla.


El Realejo cree en Dios
Y también en la Virgen Santa.
Y por eso en Primavera
Y siempre al caer la tarde,
Cuando el sol se va escondiendo
Lo grita a los cuatro vientos
Con orgullo y sin miedo
Y los sacan por las calles,
A Cristo en tronos de oro
A Ella en palios de cielo.

Y es que aquí, en éste barrio,
Tan antiguo y admirable,
Se valora la belleza
Y se alaba la pureza
De todo lo que a Dios agrade.


Y creedme si os lo digo,
Que es aquí, en éste barrio
Donde se esconde la clave,
El Realejo tiene la llave,
Del secreto relicario
Donde se guarda la esencia
Del arte y el sentir cofrade.


Se ha cumplido el tiempo, ha llegado la hora.El Hijo del Hombre tiene que concluir su misión. Ya son solo ecos lejanos, aquellos gritos de júbilo y alegría, cuando hizo su entrada en Jerusalén. ¡Hosanna!, decían, ¡bendito el que viene en nombre del Señor!, ¡bendito sea el rey de Israel!.
Ya son sólo recuerdo todas sus sabias y enigmáticas palabras, todas sus sensatas enseñanzas, todos sus milagros y prodigios. Son sólo recuerdo, pero en el interior de algunas almas retorcidas y perversas, han levantado recelos, envidias y odio y claman venganza, venganza que sólo saciarán con la muerte.
Jesús lo sabe, sabe que muy pronto va a ser glorificado, pero antes deberá afrontar las horas más amargas y crueles de su existencia terrenal.
Manda a sus discípulos, Pedro y Juan, que preparen todo y busquen el lugar que ya está previsto donde quiere compartir con ellos la cena de Pascua.
Los discípulos, cumpliendo las instrucciones del Maestro, siguen a un hombre que lleva una cántara de agua, por las calles de ésta nueva Jerusalén que es el Realejo y desembocan en una hermosa plaza presidida por un majestuoso templo, de porticada fachada. En su interior, en la primera capilla, según se entra a la derecha, encuentra su privado cenáculo donde, efectivamente, todo está preparado, tal y como el Maestro había dicho.
Y el domingo a primera hora de la tarde. Cuando el sol hiriente baña de luz dorada, cada rincón de éste barrio, Jesús comparte con todos nosotros la institución de la Eucaristía, nos revela a todos el secreto, la fórmula magistral de la redención, la vida eterna y el perdón de los pecados, los símbolos de la nueva alianza de Dios con los hombres: el pan de vida y el cáliz de la salvación. Quien come su carne y bebe su sangre no morirá para siempre.
Y ante la atónita mirada y la admiración de los cientos de personas, nerviosas y expectantes, que desde hace horas, abarrotan la Plaza de Santo Domingo, aparece ese portentoso grupo escultórico, sin duda la obra de imaginería granadina más monumental del siglo XX, que inmortaliza el momento preciso en el que nuestro Salvador, tras instituir el eucarístico sacramento, anuncia que uno de los que se sientan a la mesa con Él, uno de los que comen en su mismo plato, va a entregarle.
Los trágico y crispados gestos de los apóstoles, que se miran unos a otros preguntándose cuál de ellos será el traidor, reflejan su sorpresa, sus miedos, ante las palabras del maestro que permanece impávido y sereno, irradiando calma, majestad y grandeza, porque sabe que todo ocurre según lo previsto, siguiendo los designios del Padre.
Sólo Judas, que se retuerce en torturado escorzo, aprieta su mano a la mesa, arrugando y ensuciando el inmaculado mantel con sus impurasmanos, mientras esconde la bolsa que le incrimina como el hipócrita delator.
Contemplar el inmenso paso de misterio de la Santa Cena, por las calles del barrio y de Granada, provocacontinuos e incontenibles aplausos, produce un impresionante respeto por su sobria y recia monumentalidad y sobre todo, admiración por el espectacular trabajo de su cuadrilla de costaleros, sin duda una de las más animosas y esforzadas de nuestra ciudad.
Los hermanos cofrades de la Hermandad de la Santa Cena Sacramental, rinden culto público a sus titulares, vistiendo sus llamativos hábitos de raso rojo y blanco, colores que completan con su simbolismocromático, la pública catequesis, el mensaje eucarístico de la hermandad en la calle.
Rojo es el color del vino que se sustancia en sangre de Cristo, rojo es el color de los granos de la Granada, rojo es el color del amor apasionado, de nuestra fértil y productiva tierra, rojo es el color de la vida, el don más grande que Dios nos concede cada día que vemos salir el sol. Como blanco es el pan que compartimos con nuestros hermanos, el color de la virginidad, de la inocencia, de la paz y de la humana fraternidad.

Nunca antes habían visto al Maestro mirar a nadie de aquella forma tan dura. No había odio en su mirada porque ese es un sentimiento que su corazón nunca albergó, pero con semblante triste, se dirige a uno de sus apóstoles, y le dice, “tú, Judas Iscariote, hijo de Simón, lo que vas a hacer, hazlo cuanto antes. Tras lo cual, el discípulo traidor, salió de la estancia y como serpiente venenosa, se perdió en la oscuridad.
Era de noche, Jesús, propone a sus discípulos un pequeño paseo hasta el cercano huerto de las Madres Comendadoras, donde el Maestro gustaba de reunirse con ellos, por ser un lugar de amena y silenciosa tranquilidad, apartado del mundanal bullicio de la ciudad.
Al llegar a aquel lugar, tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y les dijo: Mirad, siento una mortal tristeza en mi interior, quedaos aquí, velad y rezar para que podáis hacer frente a la prueba, porque el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil. Y alejándose de ellos como a un tiro de piedra, se desplomó, de rodillas, al suelo, y oró al Padre, sumido en la angustia y el miedo.
El atrio del Convento de las Comendadoras y la Calle Santiago, tienen el enorme privilegio de ser los primeros en contemplar, cada lunes Santo, el arrebatador paso de misterio de la oración de Nuestro señor en el Huerto de los olivos. Imposible apartar la mirada de ese Cristo arrodillado y vencido hacia atrás, derrotado e impotente, ante la visión de la horrible tortura que su humano cuerpo ha de soportar como condición inexcusable para completar el proyecto de la redención de la Humanidad.
Sus brazos se muestran desplomados y sin fuerza, pero sus manos están abiertas, dispuestas a recibir, de buen grado, todo aquello que le sea encomendado. Todos los que le contemplamos al pasar, nos sentimos identificados con Él, cuando nos acordamos de esos momento en los que la vida nos ha puesto a prueba y hemos preguntado al padre, Porque, Dios mío, porque?, porqué esa enfermedad que nos asusta, porqué esa incomprensible muerte de un ser querido,porqué los problemas de entendimiento con nuestros hijos….
Un ángel confortador de celestial y andrógina belleza, señala a Cristo, nos señala a todos, que más allá de nuestro sufrimiento hay una recompensa definitiva y eterna, para aquel que ha sabido mantenerse en los caminos de la Fe.
El suave balanceo de las ramas del olivo, parecen elevar, entretejidas en sus hojas, nuestras súplicas al cielo, nuestros anhelos y esperanzas. La Hermandad del Huerto, entrañable y popular, donde las haya, sale a la calle y desde el campanario, antiguo y entrañable refugio de religiosidad cofrade, nos invita a todos, cada Lunes Santo a reflexionar sobre nuestras propias debilidades.
Han ocurrido muchas cosas, los acontecimientos se han precipitado. Tras el beso acusador de Judas, Jesús ha sido arrestado y lo han conducido al Palacio de los Marqueses de Casablanca, donde los grandes rabinos del Realejo tuvieron su residencia desde tiempos remotos. Allí el sumo Sacerdote y el Sanedrín en pleno lo han sometido a interrogatorio buscando un motivo para acusarle y darle muerte, tan torpes eran que no conseguían encontrar algún testimonio acusador. El propio Jesús les facilitó la tarea cuando les dijo. “Si,yo soy el Mesías, el Hijo del Bendito y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Todopoderoso, viniendo entre las nubes del cielo”.
En seguida lo acusan de blasfemia, le escupen y golpean y es llevado ante Pilatos, en su palacio fortificado de Bibataubín, junto a las murallas de la ciudad. El Prefecto romano, no encuentra maldad alguna en él, pero no quiere problemas, de ninguna clase, con los judíos y lo entrega para que le azoten y lo crucifiquen.
En el cuartel general de la armada Romana, el lugar que llamaban el Pretorio y en su patio, fue sometido a crueles torturas, mientras se burlaban de Él, disfrazándole patéticamente de rey.
Señor de la Humildad, el Realejo sufre y se entristece al contemplar tu dolor y tu resignada mansedumbre, al contemplar tu bondad con aquellos que te hacen sufrir de forma tan inhumana.
Desde tu trono de piedra, coronado de dolor y con tu pobre cetro de caña, reinas en el cielo y en la tierra y el Realejo, es la capital de tu reino.Un reino, que no tiene fin ni fronteras.Tus manos atadas son el símbolo de nuestra libertad, tu gesto cabizbajo no es debilidad sino grandeza.Tú nos dijiste que el que se humilla será enaltecido. Tu eres la humildad encarnada, perfecto en todas las virtudes, con tu humildad reparaste el daño de Adán, que fue pura rebeldía ante Dios. Tú nos enseñaste que en la humildad se fundamentan, todas las demás virtudes y que sin ella, no se puede vivir cristianamente.
Cristo Rey, Señor mío y Dios mío, que gran enseñanza, que gran lección sin palabras, nos ofreces cada martes Santo por las calles de éste bendecido barrio. Cuando te contemplo, vienen a mi memoria aquellas palabras de mi admirado Unamuno, “Quiero vivir y morir, en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente.
Digna de toda admiración y respeto, es la Hermandad de la “Cañilla”, como la llamamos con cariño. Decana de las Hermandades del Realejo, casi la titular del barrio, escuela y cantera inagotable de buenos cofrades. Mucha de la gloria de nuestra Semana Santa, se la debemos al buen trabajo y al continuado buen hacer de ésta hermandad. Vaya desde aquí mi consideración y mi agradecimiento.

Para hacer aún más grande su humillación, Jesús es obligado a cargar con el instrumento de su propia tortura, carga con su cruz y a pesar de la ayuda de Simón de Cirene, su debilitado cuerpo, no puede soportar el esfuerzo y hasta tres veces, cae aplastado bajo el peso del madero.
Una vez más, la Plaza de santo Domingo, vive un momento crucial y de extraordinaria intensidad religiosa, estética y cofrade. Cientos de almas abarrotan la plaza y las calles adyacentes, árboles, bancos, farolas y rejas se convierten en esforzados miradores.
Un frondoso penacho de blancas plumas y el refulgente brillo de una imperial coraza romana, nos anuncian que, Nuestro Padre Jesús de las tres Caídas, comienza su lento y doloroso caminar hacia el Gólgota, monte de la Calavera, que en nuestra imaginaria Jerusalén del Realejo se encontraría en lo más alto del campo del Príncipe, junto al templo del primer Arzobispo, a los pies de la colina de la Alhambra.
A su paso Él, nos dice: “Aquel que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por mí, la salvará.
Padre Jesús, cuántas y que pesadas cruces soportan muchos de nuestros hermanos en éstos días que nos han tocado vivir, días de incertidumbre y tribulación, la cruz del paro, de la pobreza, la de no tener un techo donde pasar la noche, ni nada para comer, vivir de caridad y limosna. Y que difícil se nos hace renunciar a nosotros mismos y a todo lo nuestro, para ir de forma sincera en pos de ti, Señor, cuánto nos cuesta….
Una auténtica locura, un delirio para los sentidos, emoción irrefrenable!!!!!, Nuestro Padre Jesús de las tres Caídas, carga su cruz, por las calles del Realejo, ante el asombro y la compasión de todos los que le adoran y quieren. Y poquito a poco, avanza,navega, casi se diría que fluye, con milagrosa sutileza, surcando un apacible mar de gente. Sus costaleros lo llevan, como sólo ellos saben, como se hace aquí, como el Realejo les enseñó, haciendo de su trabajo una oración, una esforzada plegaria, sublime poesía en movimiento, inspirada en el amor, poética prosa cofrade, escrita con tinta de sudor en la trabajadera. Dolor y esfuerzo compartido, por promesa o devoción, hacia aquel del que todo proviene.
Ole y Ole la gente buena con poder y sabiduría, que Dios bendiga cada pasito que dais, cada racheao vuestro, cada costero a costero, vivan los costaleros con arte grande, llevando a Dios ahí arriba, en lo alto de ese retablo vivo, de esa ascua de luz, cual hoguera de sagrado fuego, convertida, como por un milagro, en dorado cedro tallado.
Volutas, grutescos, flores, cartelas, ángeles, frutas, cresterías, sinfonía mística de infinitas formas de extraordinaria belleza, talladas en su honor, por una noble gubia, de divina inspiración. Al Realejo todo le parecepoco para aliviar y hacer más grato el sufrido caminar, de nuestro Padre Jesús.
Y es que tú eres Realejo, para quien quiera saberlo, la Vía dolorosa, la puerta del Paraíso, el camino de la salvación, luminosa escalera a la Gloria.

Se consuma la locura desatada contra el verdadero Hijo de Dios, se consuma la injusta condena. Jesús es clavado en la cruz. Pilato ha ordenado colocar en lo alto del madero, ignorando el enfado de los sacerdotes, un cartel donde se lee “éste es el rey de los judíos”,para burla y escarnio de todos los que lo veían. Indescriptible sufrimiento. A nuestro Maestro se le escapa la vida, le abandonan las fuerzas. Pero siente, igualmente la infinita tristeza del abandono, del olvido, de la indiferencia, de la soledad. En ésemomento,le duele el alma tanto o más que su destruido cuerpo. Se ha vuelto tan de nosotros, tan humano, que en ese supremo instante, duda. Duda y se pregunta si su muerte es imprescindible, si no había otro camino y grita desesperadamente: “Elí, Elí, Lema sabaqtaní ¡!.
Su grito desahoga su espíritu y su bondadoso corazón recapacita y comprende en seguida que realmente, toda su tragedia forma parte del proyecto trazado por su Padre Celestial. Así que se abandona a la muerte, para que la salvación de los hombres, sea un hecho, se encomienda al creador y expira en silencio.
Son las tres de la tarde. Ríos de gente provenientes de todos los rincones de la ciudad, caminan apresurados y decididos para reunirse en un antiguo y singular enclave. Un mítico espacio abierto, siempre cargado de telúricas energías, de invisible ypoderosa espiritualidad. Somos miles los que nos agrupamos y llenamos el Campo del Príncipe, a los pies de un pétreo y absolutamente milagroso Cristo crucificado, que lleva trescientos treinta y un años concediendo favores y protegiendo a Granada con fraternal cariño.
Es posible que el enorme fervor popular de éste crucificado, proceda de una antigua leyenda que viene a contar cómo, en una casa de la Cuesta del Caidero, vivía una joven virtuosa llamada Dolores , a la que, por sus bellezas y buenas prendas, apodaban sus vecino,” la perla de San Cecilio”. Todos los viernes, al ponerse el sol,cortaba los mejores y más hermosos claveles de su huerto e iba a depositarlossobre las gradas del pedestal de la cruz. De camino,pedía, con devoción al crucificado, protección para sus amores con un mozo de la Anetequeruela, con quien pensaba casarse en plazo breve.
Fijóse un cierto día en ella un mayorazgo desenfrenado y vicioso que, seducido por su belleza hízole proposiciones repugnantes que ella hubo de rechazar con energía y decisión; por lo que el desdeñado urdió un plan ruin y criminal para raptarla y así poder triunfar sobre su honrada resistencia. Cierto viernes, mientras Dolores oraba ante la milagrosa imagen, viose asida brutalmente por tres facinerosos que envió el libertino e intentaban, a la fuerza, conducirla a una litera allí preparada para el caso. Aterrorizada, la muchacha pidió al Cristo protección e inmediatamente, un relámpago brilló de pronto en la oscuridad solitaria del Campo del Príncipe. Asombrosamente, el brazo del Cristo crucificado despegóse del mármol de la cruz, tendiéndose, protector sobre la cabeza de Dolores. Los forajidos cayeron al suelo atacados de parálisis total y fulminante. La Perla pudo escapar, sin que nadie lo evitara y el mayorazgo, arrepentido,, hubo de trocar su manto de caballero por el sayal franciscano, sumiéndose en un convento, para llorar de por vida, el criminal intento, Así lo aseguran, con su añejo lenguaje, las crónicas antíguas.
En la soleada explanada ya no cabe ni un alma y una silenciosa expectación se apodera de la multitud. A la hora señalada, el sonido metálico y trágico de la corneta, rasga el aire y nos recuerda a todos, el preciso momento de la muerte de nuestro amado Redentor en la cruz.
Rodillas en tierra, cerramos los ojos, manos entrelazadas, oración interior, reflexión, arrepentimiento y dolor, peticiones y súplicas, emocionadas gracias por los favores concedidos y silencio, absoluto e impresionante, silencio, conmovedor, dramático y emocionantísimo.
Granada vive en el Realejo, cada viernes Santo, una de las demostraciones de fe popular más multitudinarias e impactantes que se pueden experimentar en el mundo.No conozco a nadie que no se haya sentido profundamente sobrecogido al vivir la oración de las cinco llagas a la hora nona, en ese legendario enclave. Y algo tan asombroso, ocurre en éste barrio y no en otro lugar de Granada, seguro que no es por casualidad.
Ya por la tarde, aun no recuperados de anteriores emociones, tendremos el privilegio de vivir la bellísima experiencia de contemplar, en la calle, al Santísimo Cristo de los Favores, recortando su perfecto y admirable cuerpo contra la fachada del histórico templo de San Cecilio. El Realejo le muestra al mundo, cómo la muerte puede llegar a ser algo tan estético y hermoso. Cristo se aferra a los tres dolorosos clavos con admirable escorzo, mientras su cabeza se desploma sobre el hombro, como buscando cobijo, apoyo, descanso.
Su muerte reina allá arriba, muy alto sobre su calvario de iris, escoltado por la figuras de los enérgicos y elocuentes Evangelistas, que actúan como divinos notarios del impresionante y crucial suceso, del cual, un día dejarán constancia escrita, dando fe del extraordinario sacrificio de Cristo.
Como mágicos árboles de ramas doradas, la brillante luz de los faroles guardabrisas, se elevan al cielo,convirtiendo la mortal palidez de la piel del Cristo en refulgente luminiscencia, en una nueva y gloriosa Transfiguración.
Los hermanos de la cofradía de penitencia del Santísimo Cristo de los favores, de enlutados hábitos, nos ofrecen cada Viernes Santo una auténtica lección de actitud y sentimiento cofrade por la seriedad, orden, respeto, compostura y la circunspección de la que hacen gala, en su estación penitencial, sabedores del importante privilegio y la grave responsabilidad que constituye, el acompañar y rendir culto a unas imágenes que tanto significan para tanta gente.
Demasiadas emociones, demasiadas sensaciones, hasta para el más cofrade corazón.
Se hizo de noche en el Realejo, Cristo ha expirado, la luz del mundo, se apagó. La última vela del tenebrario se extinguió en el templo. Las tinieblas cubren nuestra triste pero esperanzada vigilia.
Y en lo más profundo deesa noche oscura del alma, decepcionados y confusos, buscando consuelo, como el niño que siente miedo y soledad, buscamos el refugio y el calor de nuestra madre.
Y buscamos a María, Madre de Dios y nuestra, que ha estado siempre y en todo momento junto a su hijo, pero discreta y prudente, siempre detrás de Jesús, como lo estuvo en Belén, como lo estuvo en el templo, o en las bodas de Canaán. Viviendo y sufriendo callada y resignadamente,cada instante de los últimos momentos de la vida terrenal de su bendito hijo.
Y el Realejo no la ha dejado nunca sola, el Realejo la ha acogido todo ese tiempo, con infinito amor, le ha dado todo lo mejor que tienen y ha tenido, para ella, muchos nombres, uno distinto para cada día, para cada momento, para cada instante. Y así, al principio, cuando todo empezó…..



María se llamó Victoria
Y fue la madre más querida
Radiante y feliz novia
Al Realejo prometida.
Luz eucarística y gloriosa
Desposada con Granada
Espiga dorada y virtuosa
Preciosa rosa temprana
Escogido y dulce racimo
De la viña, mejor sarmiento
Bendito crisol, grial divino
Hermosa y querida Reina
Del Santísimo Sacramento.


Después, aquella noche de aflicción y de locura, entre las sombras del huerto de Getsemaní, nos dirigimos a Ella, diciendo…….

A ti, esclava del Señor
Pacífica rama de olivo
Te llamaron Amargura.
Del huerto escogida flor
Esposa, madre y señora.
Primera comendadora
Y nocturno ruiseñor,
De la noche triste y oscura.
Sereno resplandor
Madre de la Amargura
La alevosacruz de espada
Traspasa tu corazón
¡Ay…!! Que apartar no pudiste
De tu bien amado hijo,
Aquel cáliz de pasión.
Y por las calles del Realejo
Bajo tu palio solemne,
Hecho de luna y de cielo
De dorados resplandores,
Paseas tu desventura
Revestida de hermosura
Madre mis amores
María Santísima de la Amargura.

Y pasaron muchas horas, muchos y muy tristes acontecimientos, pero……

Aquella otra tarde el aire
Sin saber nadie porqué,
Se nos tornó marinero
Y aromas de salada brisa
Se mezclaron con incienso.

Rumores de olas lejanas
De oceánicas mareas
De caracolas y estrellas,
Inundan las callejuelas
Y las placetas calladas.
Y en el corazón del Realejo
Empujada por el viento
Una barca quedó anclada

Y el anchuroso mar
Generoso y desprendido,
Un palio le hizo de espuma
Con bordados marineros
De perlas finas y coral.

Pa sus varales Granada
De nieve puso la plata
Y el Realejo las flores
Los Dominicos las velas
Y los ángeles un manto,
Hecho de luz y de amores.
Y el mismo Dios….
El mismo Dios la hizo a Ella

Y tu nombre fue Rosario
El tesoro más valioso
Sagrado relicario
El regalo más hermoso
De los mares, nuestra Reina
Silenciosa compañera
Del camino hacia el Calvario.



Pero llegó, inevitablemente, el supremo momento, llegaron las terribles horas de tristeza y aflicción. Y fue entonces cuando a Ti, Señora…..

Te llamaron Misericordia.
Que es clemencia y perdón,
Yo la vida no la entiendo
Sin tu presencia, Señora
Tú eres, querida madre,
De mi espíritu el aliento.

Bendita hija de Israel
Que nuestros pecados olvidas
Del altar de nuestras vidas
Eres tu misericordia
El sagrario más valioso
El más carnoso clavel.

Hermosa Virgen morena
Carita serena y doliente
Porque escuchas a tus hijos
Porque atiendes a tu gente
Y a todos alivias sus penas.

Entre tus manos acoges
Con infinita dulzura
Nuestros rezos y plegarias
Nuestros duelos y quebrantos.
Madre sensible y clemente,
Consuelo de nuestro llanto.
Misericordia de amor y gracia,
Tú eres para nosotros
Patrona de los greñúos,
Reina del Realejo,
Emperatriz de Granada,
Capitana de los cielos,
Y por el amor de tu pueblo
Y la gracia de Dios Padre,
Por los siglos de los siglos
Nuestra Madre en el cielo,
Misericordia Coronada.

Y ya todo se ha cumplido.Todo se ha consumado y donde antes crecía el árbol del pecado de Adán, ahora se erige la cruz salvadora, donde el hijo de Dios muere como fruto bendito que redimirá los pecados del mundo. Y allí…
A los pies de la cruz

Y del vacío sudario
Tu nombre es Soledad
Madre dolorida
Afligida piedad
Soledad en el Calvario

Tu mirada se pierde en insondable vacío
El vacío de la injusticia
El solitario vacío de la muerte
Y ocultas tu rosto
Y tu triste llanto
Bajo las sombras quebradas
Y la noche oscura
De tu azul manto.

Y en tu soledad preguntas
Hay acaso en el mundo
Dolor más grande que el mío?
Porqué mi maternal regazo,
Ya no recibe el abrazo
De mi hijo tan querido?

Claman al cielo
La injusta muerte,
Tus manos abiertas
Ahora vacías.
Y las campanas del Realejo
Tocan a duelo,
Y te recuerdan
Que él te dijo
Que no moriría.

Madre de Soledad
Abnegada y dolorida
Inconsolable y triste
A l pie de la cruz, postrada.
Tú sabes bien, Señora
Que la soledad es todo
Que en tu nombre está grabada,
Y es la mejor compañera
Cuando ya no tienes nada.


Vosotros sabéis, hermanos, igual que yo, que en el Realejo no hay sepulcro. Y no lo hay porque no hace falta. En el Realejo, Cristo no muere en realidad. Él, tras su padecimiento y agonía, entra en un inacabado tránsito, en una suave vigilia, a la espera del sol de un nuevo amanecer, de la luz de una vida renovada e inmortal.
Y para que ese milagro se produzca, el Realejo tiene su propia Aracadia, su particular paraíso en la tierra. Y está allá arriba en la colina, donde el adoquinado de las calles, se vuelve alfombra de yedra, donde los muros encalados, se convierten en arbóreas columnas cubiertas de musgo centenario y los rojos tejados se tornan en calado dosel, de color verde esmeralda.
Allá arriba donde aún pervive la más hermosa acrópolis oriental jamás creada por la mano del hombre y un palacio hecho de sueños, de luz, de aire y de agua…
Allí encontró María su refugio perfecto para velar el sueño de su hijo adorado. Madre de las Angustias, Señora de la Alhambra. La pena, el intenso dolor y sus lágrimas como arabescos transparentes sobre tu piel de nácar, no han conseguido marchitar tu rostro sino que han hecho de Ti, la más hermosa de entre las mujeres.
No hay dulzura como la de tu triste semblante, ni ternura más sentida que la de tus acogedoras manos. Miras a tu hijo y le levanta su cabeza con delicadeza infinita, tomas su mano con la tuya, con maternal afecto, esperanzada en advertir, algún leve atisbo de vida en el torturado cuerpo de tu hijo.
Pero no hay nada, sólo la fría y estática quietud de la muerte, aún es pronto, y debe cumplirse lo que está escrito. La angustia y el miedo atraviesan tu pecho, como afilado e hiriente puñal.
Nosotros, tus hijos, vivimos contigo la espera. Y en las noches de la Alhambra, a la luz de la media luna, protegidos entre torres, almenas y solidísimas murallas, cobijamos tu tristeza bajo un cielo sedoso hecho con nuestras capas de azul damasquinado, cuajado de estrellas de ocho puntas plateadas, que llevan grabado en el sino, tu nombre bendito, María de las Angustias Coronada de la Alhambra.
Y con Ella salimos cada Sábado Santo y al filo de la Pascua, ofrecemos al mundo el sacrificio de nuestro Salvador y peregrinamos en penitencia hasta el templo mayor para honrar su muerte ante Dios Padre, ante aquel del que todo proviene.
Ella reina, con soberana majestad, sobre su argénteo y refulgente trono, hermosa arquería de azulados destellos, inefable recuerdo de otros tiempos, de otros dioses, de otras creencias, sobre un fragante calvario de flores, que ella siempre prefirió blancas, como la condición de su virginal pureza. Un brillante cortejo, de nazarenos de luz y enlutadas camareras, escoltará solemnemente, su dulce tristeza por las calles de Granada.
Los sólidos muros de la Alhambra se estremecen y rezuman rojas lágrimas de tierra, cuando ven como Ella abandona, apenas por unas horas, su amurallado Edén y se pierde en la espesura del bosque donde la multitud le aclama.
La Puerta de la Justicia, imponente y majestuosa, hace todo lo posible por retrasar un poquito, la marcha de la Señora, haciendo angosto y complicado el doble recodo de sus defensivas entrañas.
Toca la campana, en lo más alto de la vigilante torre, que la despide y su tañido, suena a añoranza y melancolía, con ese sonido tan evocador y emotivo, que todos los hermanos de la Alhambra, tenemos grabado en nuestro interior.


Silencio, gritan los bosques,
Silencio, repite el agua.
Que a mi madre de la Alhambra
De sufrir, le duele el alma,
Que siente mu hondo su pena,
Que su hijo no despierta!!!
Y yo le pido a la noche
Que sólo rompa el silencio
La campana de la Vela.

Nuestra Señora de las Angustias coronada de Santa María de la Alhambra, toma posesión de su Granada cada sábado Santo de anochecida y propios y extraños, granadinos y forasteros, creyentes e incrédulos, viven junto a Ella, una extraordinaria experiencia espiritual y estética, absolutamente imborrable.
Pero yo me quedo con el regreso….Es el momento más especial para mí, cuando el pueblo de Granada la espera espontáneo y ansioso en Plaza Nueva, a los pies de la cuesta, para llevarle de nuevo a su casa…
Contemplar, entre las oscuras ramas del bosque, cómo nuestro querida madre, después de su triunfal recorrido, avanza imponente y arrolladora, llevada por la fuerza, la fe y la ilusión de una multitud de corazones granadinos animosos y alegres que la aclaman sin cesar, es algo que realmente, no se puede contar, hay que vivirlo, hay que sentir ese pellizco, tan especial, en el corazón.
Hago votos, para que esa hermosa tradición se mantenga siempre pura y limpia y no se vea manchada por las actitudes de aquellos que se acercan a mi querida Virgen en busca de otras sensaciones distintas a las de la tradición, la devoción, el amor a La madre de Dios y la Fe.
Soy un hombre con suerte, o al menos eso creo. Ya se lo dijeron los médicos a mis padrestras mi inusual nacimiento, en el que lo primero que saqué al mundo fueron los pies, en vez de la cabeza, ha llegado al mundo de pie, dijeron… a ver si lo aprovecha…
Sin duda es una inmensa suerte que mi vida y mi labor profesional, me permitan poder ver a mi Señora de la Alhambra, prácticamente cada díay si acaso no puedo verla, siempre la siento muy cerca, aunque sólo sea porque en el transcurso de la explicación del monumento, tengo que nombrarla y hablar de Ella, necesariamente y eso es una parte muy agradable de mi trabajo, sin duda.
Es una sensación que me es muy difícil describir, el estar en su templo vacío, en las terribles mañanas del invierno Alhambreño o en las sofocantes tardes de verano. En su Iglesia, frente a Ella, el mundo se para, el tiempo se detiene y toda molestia desaparece, todo se ve de otra manera, todo parece más fácil.
Entro despacio y sin hacer ruido, me siento en los primeros bancos, cerquita y frente a mi madre de la Alhambra…. y hablamos…Ella habla sin reproches, ella olvida los errores, sin atisbo de rencor, ella aconseja, nunca condena, ella sufre nuestra adversidad y la hace más llevadera y se llena de júbilo con nuestras alegrías, que son más grandes a su lado. Ella no te mira, no realmente no te mira, porque sólo tiene ojos para su hijo. Sin embargo, Ella nos pide que fijemos nuestra atención en él y así, tendremos respuesta a todas las preguntas, alivio en nuestro sufrimiento, sosiego en nuestra turbación.
Id a verla…. todos los caminos de Granada, llevan a ella y nos espera siempre.
Es el tercer día desde que Jesús pasó al Padre y la angustia y la tribulación, se apoderó de nuestras vidas, la espera es interminable, todo parece haber llegado a un fin irreversible y empezamos a perder la esperanza…
Pero….


Tras las horas de llanto
Y la noche sombría,
Amanece en Granada
Y el sol inunda
De luz radiante
Un nuevo día.
Y en el Realejo
Cristo despierta,
Cristo renace
Vuelve a la vida
En su paraíso.
Y es como un niño,
De dulce nombre
Hermoso infante,
De alba vestido
Y feliz semblante.
Y allá donde pasa,
Con suave gesto
Bendice la vida
Y vence al dolor.
Su cruz es ahora
La luz del mundo
Bandera de amor.
Campanillas de barro
Sonajeros del cielo
Que marcan alegres
De la gloria el camino
Por donde pasea
La alegre esperanza,
Y la dulce inocencia
De los Facundillos.


Y así es, de esa forma tan jubilosa y entrañable, con el protagonismo fresco, sano y auténtico de los más jóvenes, como el Realejo celebra y conmemora su particular Pascua, la resurrección de Jesucristo. Adoro la tradición de los Facundillos, creo que es una iniciativa extraordinaria, es un germen perfecto, un ideal caldo de cultivo de futuras vocaciones cofrades y quién sabe si de algo más profundo y comprometido.
También en este sentido, éste barrio ejemplar nos da una importante lección de la gran atención que el mundo cofrade debe mostrar a la formación de la juventud y la infancia.
Las hermandades y cofradías son, en mi opinión, los mejores ámbitos donde se pueden cooperar en la educación de los jóvenes, en ciertos valores que hoy se están perdiendo o que, sencillamente ya no existen, como la educación, la cortesía, el protocolo, el respeto a las instituciones o a las personas que nos adelantan en razón de su edad o del cargo que ostentan, el apropiado comportamiento en lugares oficiales o sagrados, el uso correcto y apropiado del lenguaje, etc.
Tenemos oportunidad de formarles, siemprecon la Semana Santa como excusa y de forma divertida y amena, en temas tales como el arte, la música, botánica ,heráldica, filosofía del pensamiento religioso, la simbología iconográfica, la liturgia, las tradiciones ancestrales, etc..
En suma, compensar la falta de formación humanística y ética que tienen los actuales programas educativos y que están convirtiendo a las personas, en individuos sin criterio, sin personalidad, ni aspiraciones y por ende, deteriorando gravemente nuestra convivencia.
Los jóvenes cofrades deben crecer espiritual e intelectualmente en el seno de las cofradías y después, tienen que gozar de la libertad y el apoyo necesario, en el seno de las mismas, para desarrollar todas sus ideas y proyectos, convenientemente aconsejados y dirigidos por los hermanos más veteranos y experimentados.
Me consta que las hermandades de éste barrio, son conscientes de la importancia de éste asunto y ya llevan algún tiempo programando iniciativas y actividades en éste sentido y así van a seguir en el futuro.

Pues así es, como el Realejo vive la pasión de Cristo y el dolor de su madre María.
Así es como las hermandades de La Cena, El Huerto, La Humildad, El Rosario, Los Favores y la Alhambra, rinden culto cada año a sus titulares, conmemorando así, con absoluta brillantez y solemnidad, la más importante festividad religiosa de la Cristiandad. Nadie me lo ha contado, así lo vieron mis ojos, así lo ha sintió mi corazón y mi alma y así he intentado contarlo hoy aquí.
Sólo veintiún días nos separandel Domingo de Ramos, ese día que esperamos todo un año, ansiosos e ilusionados.
Pues habéis de saber, queridos hermanos, que cuando el portón de la primera Iglesia de éste barrio se abra, cuando la primera cruz de guía, flanqueada entre faroles, se plante en el dintel de la puerta, cuando la primera nube de perfumado incienso, se eleve en el aire para honrar a Dios, cuando el primer golpe de martillo, marque la primera levantá y los primeros sones de la marcha Real, anuncien que todo ha empezado, en ese momento sublime, en ese preciso instante, sabed, queridos hermanos en Cristo, que, si Dios me lo permite, yo estaré aquí, para vivirlo con todos vosotros.
Que así sea y que Dios bendiga, por siempre, al Realejo.

Muchas gracias.

Granada a 26 de febrero de 2013
MIGUEL CAMPOS GARCIA


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