COFRADIA SANTA MARIA DE LA ALHAMBRA


ir a contenido

PREGON MANUEL MONTES 2014

EXALTACIONES > PREGONES ESPECIALES



Pregón



Juventud Cofrade del barrio del Zaidín


Manuel Montes Jiménez

Pregón de la Juventud Cofrade del barrio del Zaidín

Ha llegado la noche a Granada. El frío corre por sus calles en las que ya se nota el rumor de aquellos que ven cerca un sueño más. Ha llegado la noche de una fría cuaresma que parece llenarse de miedo y penumbra, de morado penitencial que apesadumbra a todos los fieles cristianos. Parece ser que la noche está hecha para el maligno, el que vive tras cada esquina esperando tentar nuestra vida. La larga y fría noche de estos cuarenta días llena de pesares y pecados cada rincón de la ciudad. Cual niebla envenenada se deja guiar por la brisa que corre de calle en calle.
Pero entonces es cuando ocurre algo inesperado, el temor desaparece y la tentación da un paso atrás cuando llegan a unas estrechas y singulares calles, a un barrio obrero de nuestra bendita ciudad. Todo lo apesadumbrado se vuelve sorpresa, todo lo que parecía ser un ocaso se convierte en un precioso amanecer de fe, fuerza, esperanza y alegría. Es el trabajo de unos jóvenes que llenan a todo un barrio de ilusión.
Son ángeles celestiales que pasean a pie de calle, enfundados en ropajes terrenales. Su aspecto es el de cualquiera de nosotros, esos mismos que nos hacemos parte del miedo y el pesimismo. Pero ellos caminan de otro modo, con barbilla bien alta, hombros erguidos, y una sonrisa que no les cabe en el rostro. Sí hermanos, son ellos, los querubines de la ilusión que llenan cada una de estas calles, de este barrio que se vuelve locura cada año por cuaresma, y que esa locura de fe y amor la arrastran durante todo el año.
Son ellos, acaso no los ven, no será porque aún no nos han puesto la ceniza en nuestra frente, pero ya les digo yo que muchos de ellos están sentados junto a ustedes en esta noche, y muchos de esos querubines venidos desde el mismo cielo, pasean junto a ustedes, viven junto a ustedes, rezan junto a ustedes. Hermanos, que ellos son la fuente de vida, los jóvenes que no cesan de trabajar por la fe y por nuestra Semana Santa, son los jóvenes que cimientan nuestras cuatro hermandades, los jóvenes que viven para y por este bendito barrio cofrade, nuestro barrio, hoy también el mío, nuestro Zaidín.
Queridos Delia, Iván, Juanma y Marga, Vocales de Juventud de las hermandades del Santísimo Cristo de la Redención y Nuestra Señora de la Salud, Santísimo Cristo de la Lanzada y María Santísima de la Caridad, Santísimo Cristo del Trabajo y Nuestra Señora de la Luz, y Nuestro Señor de la Resurrección y Santa María del Triunfo.
Hermanos Mayores de las mismas hermandades.
Don Antonio Martín, Presidente de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de la Ciudad de Granada.
Don Juan Francisco Gutiérrez, Concejal de Juventud del Excelentísimo Ayuntamiento de Granada.
Queridos cofrades y hermanos todos, Iglesia peregrina de Dios.
El Zaidín cofrade y su juventud
Zaidín, tierra entre ríos, que Genil y Monachil cubren como los brazos de una madre. Al sur en el sur. Al sur de Granada que se encuentra esta barriada hecha para que reine la humildad en sus calles. Que Humildad es la que pasea el Rey del Realejo cada Martes Santo, y humildad es la que viven día a día a lo largo del año los vecinos de este bendito barrio del Zaidín.
Aquí, en estas calles, uno puede ver la sencillez de lo humano, que no hace falta la abundancia en lo material para ser rico en espíritu. Que esta gente, los zaidineros, saben hacer de lo sencillo una gran riqueza, saben sacar adelante a las familias, llegando a obtener grandes éxitos. La belleza de todo esto, hermanos, es que este modo de vida es contagioso. Uno deja atrás el Jardín de la Riena, y comienza a adentrarse en las vidas de una gente sencilla que sabe entregarse a ti, si tu bien sabes respetarlos y no solo saber entender, sino amar, lo que ellos tan apasionados viven.
Que yo hermanos, vecino al otro extremo del Camino de Ronda, apenas vivía momentos en el Zaidín. Tan solo eran momentos puntuales en los que cual granadino habita las calles de este barrio para disfrutar de sus tapas. También les confieso, que para mí, esta tierra entre Genil y Monachil, la misma que la madre de Boabdil utilizaba para su descanso estival, desde pequeño fue cuna de sentimiento y pasión, pero muy diferente a la que demostramos en nuestras salidas procesionales. Desde que me enseñara mi padre a amar unos colores, el rojo y blanco, el Zaidín ha sido para mí una escuela donde se me ha enseñado a vivir la vida, donde aprendí que sin sufrimiento no se consiguen las metas. Así lo hizo y lo hace actualmente el Granada CF, y también lo hizo el CB Granada en los muchos años que acudí al Palacio para dejarme la voz animando. Si me preguntan por este barrio, en parte mi afición al fútbol de Los Cármenes, tiene gran culpa de que conteste con cara de frío, y es que los mejores jamones de Trevélez se podrían curar en las gradas de nuestro estadio, pues sobre ese césped se puede notar un frío horrible, el cual combatía cual cebolla, abrigado con montones de capas de abrigo.
Perdónenme que por un instante me haya ido por esos derroteros, pero quería hacerles ver mi conocimiento y vivencias de este barrio hasta hace tan solo cuatro años. Sí, hasta hace cuatro años. Fue entonces cuando cambió mi vida cofrade, cuando se me ofreció la misión que llevaré a término en unos meses. La misión de coordinar a toda la juventud cofrade de esta bendita ciudad de Granada.
Esta maravillosa oportunidad me ha brindado muchas más, entre otras la de estar aquí esta noche, pero más bella aún la de conocer a todos los jóvenes cofrades de este barrio, quizás no a todos por su nombre, pero si por sus sonrisas e ilusión, por su trabajo y esfuerzo. Muchas caras son las que aparecen en mi mente cuando me imagino el Zaidín Cofrade, pero todas ellas están capitaneadas por unas pocas caras, esas que son visibles para los éxitos, pero también para recibir palos, no solo por la vida, sino por los mayores que no saben ver muchas veces de la gran aportación de los jóvenes.
Ni que decir tiene que esas personas tienen nombres y apellidos, comenzando por los cuatro vocales a los que he saludado al inicio. Cuatro grandes personas que han sabido aceptar responsabilidades para tirar del carro de la fe, en unos grupos jóvenes que solo tienen una meta, la de evangelizar con nuestra Semana Santa. Ellos son la cabeza de un cuerpo lleno de vida y fe. Son los que deben saber que la fe no se encierra en lo material de nuestra semana grande, de la catequesis monumental que ponemos en la calle.
Que la fe es mucho más que eso, y sé que es difícil mirar en lo espiritual si nos quedamos encerrados en lo material, en las guerras de poder que no llevan a nada más que a la división dentro de nuestras hermandades y cofradías. Que debemos abrirnos al Espíritu, abrir nuestros corazones a la verdadera fe para que así no se pueda decir que los cofrades nos quedamos solo en lo estético.
Que como San Agustín citara, 'en la tierra necesitamos Fe, Esperanza y Caridad, pero en el cielo sólo tendremos la Caridad'. Aquí, en la tierra, debemos tener fe porque creemos en algo que no vemos. Esperanza, para poder saber esperar lo que está por venir. Y Caridad, porque es el Amor, es Dios mismo, por ello en el cielo solo tendremos Caridad.
Parece un juego de palabras, pero es así. Y ojo, los cofrades si sabemos de algo, además de procesionar a nuestros titulares, es de caridad. Pero aun así me atrevo a decir que podría haber más, que se podría luchar y trabajar más por la caridad, por derrochar amor, por ayudar al prójimo. Que de eso sabemos bien en el Zaidín, haciendo gala a una de sus titulares marianas. Pero nunca está demás aprovechar la ocasión para animar a la entrega. Y por favor, no cierren su conocimiento, no cierren su mente a que la caridad es solo la entrega material o económica. La caridad es mucho más que eso. Así también aprovecho la oportunidad para aplaudir cada una de las iniciativas individuales de nuestras hermandades por gestar una nueva ayuda en caridad y amor, a la vez que todas ellas en conjunto están llevando a cabo un precioso proyecto como es el del Economato Solidario que coordina la Federación de Cofradías.
Pues bien, la fe no está solo en los pasos, y hay muchos cofrades que día a día se dan cuenta de ello. Quisiera citar expresamente a uno que puede valer como reconocimiento a todos y cada uno de los cofrades que saben abrir su corazón verdaderamente a Cristo, a la vez que sirve como ejemplo para muchos, como lo es para mí. Es un joven que no pasa desapercibido allá por donde va, sobre todo por algo muy especial y básico que debiéramos tener todos los cristianos: una gran y sincera sonrisa. Él, allá por donde va, se entrega por completo en lo que se propone, lo mismo que en la fe. Y así en estos últimos meses ha sabido tener un encuentro especial con el Señor. Fiel devoto del Cristo del Trabajo y María Santísima de la Luz, este joven sabe muy bien cómo evangelizar con su vida. Para mí, siempre lo suelo comentar, la coherencia en nuestras vidas es la gran forma de evangelización, encabezada por una gran sonrisa, esa que denota la gran alegría con la que vivimos los cristianos, el buen hacer prestándonos siempre a todo cuanto se nos presente en nuestra vida, pues contamos con la ayuda y presencia del Señor y su Madre.
Pues bien, ese joven es Antonio Adarve, uno de los tantos que me han abierto las puertas de este barrio durante estos cuatro años y han hecho que me sepa sentir zaidinero, donde no hay nadie que valga más que nadie, solo Jesús que reina en nuestros corazones. Antonio ha tenido grandes experiencias de fe y sigue siendo un ferviente cofrade, por ello me permito estas líneas en el presente pregón para ponerlo como ejemplo de joven con sencillez, humildad y enorme voluntad de trabajo, de esos que tantos hay por toda nuestra ciudad, en todas nuestras hermandades, y a los que llamo para que se quiten la máscara de la vergüenza y saquen a pasear su alegría y felicidad por vivir inmersos en nuestra fe.
Los infantes del Zaidín
Eso a los jóvenes.Y a los infantes qué les digo. A ellos, el diamante en bruto de cada hermandad. La belleza hecha inocencia. La inocencia en sus sonrisas. La sonrisa que dan a cada cortejo nazareno. El cansancio de las horas en la calle hace que sus rostros se tornen amargura entre lágrimas que piden a gritos una buena siesta, pero eso no les hace perder la ilusión por la Pasión.
Para mí, enamorado de los niños, no hay cosa más hermosa en un desfile procesional que uno de estos niños que anda con singular paso por el cortejo, admirando él mismo la cantidad de gente que se agolpa para ver su hermandad. Miles de miradas como la de ese niño tengo grabadas en mi mente.
Los hay que desde muy pequeños visten capillo y túnica nazarena, aunque muchos de ellos el capillo lo lleven descubriendo su cara, pues, qué pecados puede haber cometido dicho infante, lo único que hace es acompañar a su padre, a su madre o hermanos en la hermandad de la familia. Capillo, hábito, capa, guantes y, para colmo, una vela. El juego prohibido para todo niño, el fuego, es ahora una herramienta más en la procesión, esa vela que al final más que ilusión, sobra en sus manos, más que alumbrar sirve de bastón para el cansado joven nazareno.
El fuego del cirio se apaga, la cera caliente la moldea con sus pequeñas y dulces manos, pero es entonces cuando otro una pareja de monaguillos le socorren y encienden su vela. La otra monaguilla porta una cesta, donde lleva el dulce caramelo que entrega al joven nazareno para aliviar el cansancio, al menos en el instante en el que lo tiene en la boca. También lleva estampas de su titular y con una inmensa ilusión se las entrega al público que atónito se queda mirando los ojos llenos de ternura de esa niña que le obsequia con la imagen. Muchos de estos monaguillos son aún muy pequeños para danzar por nuestros cortejos nazarenos, por ello van en grandes grupos, los famosos corralitos que llenan de vida a nuestras hermandades en la calle. Muchos podemos caer en pensar que se trata de puro postureo cofrade el de los padres y madres que tan pequeños ponen a sus hijos a pasear simplemente en una procesión. Pero nada más lejos de la realidad. Estos jovencitos están ya desde pequeños aprendiendo las funciones que en poquitos años llevaran a cabo con gran ilusión.
Es en el tramo de Virgen donde van las camareras del hoy y del mañana. Las niñas que visten reja y mantilla desde los apenas cinco años. Estas van con la misma elegancia y seriedad que sus madres. Aún no saben que esto es parte de la tradición granadina, pero bien saben que cada año por primavera visten de luto para acompañar a la Madre de Dios. Avanzan por nuestras calles sin saber aún rezar ni un solo misterio del Santo Rosario, pero sirven muy bien de herramienta de penitencia para aquellas camareras que llevan agarradas de sus manos, haciendo que éstas se centren en la estación de penitencia y no en ir más o menos bellas, pues el sentido que estas tienen es acompañar a la Virgen en sus dolores, y no realzar de belleza las filas del cortejo, pues no hay mayor belleza que la de María Santísima tras las espaldas de nuestras mantillas.
El tambor y la corneta vistiendo uniforme musical, también es tradicional en estos infantes cofrades pero me he guardado hasta ahora a dos figuras que tengo muy vivas en mi experiencia cofrade. El primero es el acólito, ese niño que porta naveta o incensario para crear una nube ante el paso de Nuestro Señor o su Santa Madre, para que el olor de las calles sea fragancia santa que abra camino a las sagradas imágenes. Niños que visten el alba para ser las figuras más litúrgicas de nuestras hermandades en la calle. El segundo es el niño que fajado y enfundado en costal quiere desde muy pequeño imitar a su padre, costalero de honor de este barrio, o a su madre, luchadora mujer que consiguiera crear la primera cuadrilla de mujeres costaleras de Granada, de la Semana Santa de Andalucía, de la Semana Santa universal. Ese niño que viste costal y camina tras el paso con el rachear que llevan los costaleros bajo la trabajadera. Apenas sabe del porqué de todo aquello, pero bien sabe cada compás de la marcha, sabe que la voz del capataz son las palabras que guían, los ojos de todo costalero. Así tengo por seguro que, si Dios me lo permite, mi hijo saldrá en sus primeros años con el Señor de la Humildad vistiendo costal de esparto y negro, así también lo espero que en muy poco tiempo mi hermano lo haga con el sobrino que espero pronto me dé tras contraer matrimonio el próximo mes de septiembre.
Pues sí hermanos, así es, nuestra Semana Santa está llena de estos infantes que nos roban la mirada y la convierten en sonrisa. Estos mismos que llenan nuestro Zaidín de ilusión, los mismos que van aprendiendo de los mayores, y no tan mayores, todo lo relacionado con estas cuatro hermandades que muy bien saben desplegarse en las calles de Granada por primavera.



Ya están aquí los niños,
la alegría y vida de nuestro Zaidín.
Que vistiendo reja y mantilla
la niña bien sabe presumir
de penitencia y saber sentir
pues a su madre acompaña cada año
para que de sus pecados se pueda redimir.

El joven acólito mira a San Juan anonadado
su patrón cofrade,
del Señor es el discípulo amado.
Y su hermana costalera,
con dos trenzas salidas del costal,
le tira fuerte de la mano
porquetarde llega ya a la igualá.

El monaguillo reparte con ilusión
todas las estampas de la hermandad,
aunque el diputado de tramo le dijo
que bien guardara alguna para el final,
así bien lo hizo este joven,
no para otro, no para dar testimonio,
sino para a su padre podérsela regalar.

Y entonces, en el final,
el que viste hábito y capillo
ya no puede caminar,
sirviéndose de los brazos de su madre
paraa su casa poder regresar.
Que ha sido una noche de emociones,
donde no solo con su vela iluminaba
sino que también enamoraba
hasta al mismo Padre Celestial.

Que estos son los infantes de este barrio,
el futuro más cercano
denuestra catequesis en esta tierra,
de nuestra vida de hermandad.
Pues con mimo y mucho amparo
decuidarlos hay que cuidar.

Fácil se presenta esto
pues una sonrisa nos suelen sacar,
peroa ti cofrade de mayor edad te digo
haz también por quererlos,
cuando en la difícil edad de la pubertad
inmersos se hayen,
pues como buenos y fieles cofrades
también ahí estarán,
para dejar sus fuerzas trabajando
no solo por los más jóvenes
con ilusión evangelizar,
sino también por un año más
a su Zaidín Cofrade sacarlo a pasear.


San Juan acude a María

Jesús es prendido en el huerto. Allí se encuentra en oración con Dios Padre. Para mí uno de los momentos más preciosos de la Pasión. Jesús mismo, Hijo de Dios, sangre desprende por su carne tan solo de pensar lo que está por llegar. 'Padre, aparta de mí este cáliz, pero hágase tu voluntad y no la mía'. La guardia lo prende, y Él no hace por luchar.
Cautivo avanza camino del juicio humano, de una sentencia prevista con antelación, tan solo por venir cual salvador. '¿Eres Rey?, Tú lo dices'. Los sumos sacerdotes rasgan sus vestiduras como signo de indignación y soberbia, no pueden soportar el inmenso Amor y Humildad que este hombre desprende, no aceptan que el Rey de Reyes venga a este mundo para dar amor, y no fuerza y arrogancia. Que el Señor viene con autoridad, pero para impartir su justicia en la igualdad de todo ser.
La autoridad romana no ve culpa en Él, pero cede a las presiones sociales, igual que nosotros cedemos en nuestra vida y nos escondemos de lo que realmente somos. Se le castiga físicamente, una lección y a la vez un remedio para el levantamiento judío. Coronado de espinas, con centro de caña y el manto de púrpura, humillado. Entonces salió Pilato y les dijo: 'Aquí tenéis al hombre'. No encontró delito, al igual que su mujer Claudia Prócola, quien soñó con ese momento y supo de la Verdad, que es como en nuestra vida, Jesucristo.
'Crucifícale, crucifícale'. No habían sido saciados los fariseos que deseaban la muerte de Jesús. Lavándose las manos, Pilato se lo entrega, y manda escribir en la tablilla: Iesus Nazarenusrex Iudaeorum. 'Borra eso, por ello le acusamos, no es nuestro rey.' Y Pilato contestó: 'Lo escrito, escrito está'. Entonces comenzó Jesús a cargar con la cruz camino del Gólgota.
Parece que llega el momento en el que comience a describir el andar valiente de Jesús del Trabajo cargando con la cruz, pero les voy a hacer esperar unos instantes más. Y es que es mi fin, el de pregonar a la juventud en esta noche, y no hay mejor crisol para estos que su santo patrón cofrade, San Juan Evangelista. Ese que ahí ven rodeado de niños, lo mismo que dijera Jesús, el mismo Señor que adobara estar rodeado de la inocencia, la alegría, la felicidad de los infantes. Que el que sea como un niño entrará en el Reino de los Cielos.
Vuelvo al huerto, de donde huyen los discípulos que le acompañaban. La mayoría de ellos le abandonaban entre el miedo y la negación. Pero aquí está el valiente, el que trae la vitalidad y la esperanza. El más joven de los doce se presenta en la casa de María para avisar de lo que está ocurriendo, y es él, el que le acompaña en todos sus dolores. Al pie de la cruz estaba María, y también Juan. 'Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu Madre'.
El Señor al borde de la muerte nos entrega a su Madre para que nos guarde y acudamos a ella en todas nuestras dificultades. Así lo hizo Juan y así lo hacen su fiel reflejo cofrade, los muchos jóvenes que ilusionan a este barrio. Que es absurdo que los mayores no quieran ver la ilusión y entusiasmo de estos, que no les dejen trabajar en nuestras hermandades. Gracias a Dios esto es ya cosa del pasado. Nuestras juntas de gobierno día a día se van llenando de gente que, con corta edad y poca experiencia, trabajan de una manera exquisita.
Juan es un ejemplo, no solo de obediencia y fidelidad a Dios, u obediencia y amor a María, sino también de evangelización. El discípulo amado, el evangelista, es el único de los doce del que no sabemos a ciencia cierta cómo fue su muerte. El resto de los apóstoles fueron mártires por la fe, asesinados por hacer llegar la Palabra de Jesús por todo el mundo. Una tradición cuenta que Juan así terminó también sus días. Pero también existe la tradición de que Juan fue el único de los doce que no muriese mártir, sino que pereció de viejo, desgastado por la edad, y que en sus últimos años, habiendo perdido muchas habilidades físicas, tan solo repetía una y otra vez al abrir sus labios: 'Amaos los unos a los otros como yo os he amado'.
Este es el mensaje de Jesús que más marcara al discípulo amado. El amor. El mensaje que debemos intentar plasmar día a día en nuestra vida, con todos, sin excepción alguna. Así se acerca uno a las personas, a sus corazones, empezando por el de uno mismo.
Permítanme que les traslade unas palabras que ya pronunciara hace algo más de un mes. Disculpas les ruego a aquellos que por segunda vez vuelvan a escuchar estas líneas, y a su vez a todos aquellos que me juzguen en falta de originalidad, pero es que para mí no hay pregón sin enseñanza, sin transmitir un mensaje, sin catequesis que plasmar, sin sentimientos que derramar, y es en la parte del amor en la que más fuerza siempre voy a derrochar, pues el mismo Señor me hace sentir, como a San Juan, que el amor debe premiar en nuestro día:
"Que sí, que el amor es más grande. Que el amor une lo imposible, une todo lo que esta sociedad con sus prejuicios no es capaz de entender. Que el Amor de Dios está por encima de todo y todo lo cruza, a todo llega y con todo puede. Perdonadme hermanos, que mi pregón se vuelve locura con esto del amor, y yo enamorado de la vida, enamorado de mi familia y amigos, enamorado de una mujer, también reconozco estar perdidamente enamorado de la dulzura de Nuestro Señor, y del cariño de su Madre.
Que por empalagoso que parezca, no se queden en estas simples palabras, no se queden con el recuerdo del joven pregonero que intenta ser atrevido sin quedarse solo en lo cofrade; quédense, por favor, con el Amor y a la vez derrámenlo en su vida, despilfarren sus minutos y horas regalándose a todos aquellos que por su vida pasen. Es esta la mejor manera de anunciar a Cristo, y no la arrogancia y las formas inquisidoras. Pero no solo por anunciarlo, también por vivir su vida de manera alegre y sana, con un corazón limpio y vacío de rencores. Que hacer el bien no sea utópico, sino un tópico de nuestra vida.
Que el Señor vino para unos y para otros, para todos los que en el mundo somos tan diferentes y distantes de otros, porque así lo somos para nuestros ojos humanos, pero para Él somos no más que sus hijos amados. Que no lo pueden entender, que mis palabras parecen absurdas, pues no, es más fácil de lo que creen. Cada Semana Santa nuestras hermandades y cofradías nos lo hacen ver con filas de hermanos nazarenos que portan capillo avergonzados por sus pecados, pero arrepentidos de ellos y animados por el Espíritu Santo. Ahí se nos muestra que no hay diferencia entre unos y otros, que la medida de Cristo es el amor; que como ya dijera San Agustín: la medida del amor es amar sin medida." (Del pregón a San Ildefonso, Patrón de Peligros el 18 de enero del 2014)


Cristo carga con la cruz

Por favor, preparen su piel, avisen a sus emociones. Ahora sí. De palmas se llena Granada entera, que entra el Señor a lomos de una burra por la Puerta de Elvira. En el Realejo instituye Jesús la Eucaristía. Avanza Cautivo con túnica impoluta y cabizbajo, Jesús prendido al pie de la torre. Sentenciado discurre junto al Darro. Y de Fígares viene ya Despojado de sus vestiduras. Hágase el Domingo de Ramos en Granada, ya ha dado comienzo nuestra semana mayor. Pero el Zaidín se guarda con ilusión, espera en vela como la novia la noche antes de entregarse al esposo.
El Zaidín hace esperar a toda una ciudad un día más. Aún con el sabor de boca de un espléndido comienzo de unos días mágicos. Granada hace correr el reloj y lo para en un instante. Son las cuatro de la tarde y una calle es el corazón de un barrio y de toda su gente. De verde y rojo se viste una singular calle que durante todo el año apenas llama la atención del caminante, pero es llegar el Lunes Santo y sus límites se ven ensanchados para dar acogida a tantos fieles. Polinario es su nombre y Corpus Christi es el nombre de su madre, la Iglesia que corona dicha calle. Del templo sacramental comienza a salir un cortejo nazareno que impresiona.
Pero entonces el rumor de todo, el fervor popular, se hace silencio. Ya se escucha el llamaor, parece que algo insólito vaya a ocurrir. Entre la charla y el asombro aparece ya un enorme buque por el pórtico del templo. Avanza con paso corto y sin mecía, estrecho su paso bajo el dintel. La voz del capataz habla en los corazones de más de cincuenta almas que llevan al Señor cargando con la cruz. Entonces la corneta rompe el silencio anunciando el himno de todos los españoles. El Cristo del Trabajo ya se encuentra en las calles y la añeja señora zaidinera grita al viento: ¡Viva el Cristo del Trabajo! Las palmas no desconciertan a una cuadrilla que con mucho esfuerzo saben llevar en lo más alto a su Señor. Avanzando con su pasito característico, ese izquierdo gitano que es del Zaidín. Que las cornetas y los tambores nos llevan a unos sones traídos de la calle Pureza, pero no así su andar, pues estas costaleras no necesitan aprender coreografías que el mismo caballo de Triana presenta cada Madrugá, ellas lo hacen muy personal, muy del Zaidín.
Que cada izquierdo hace que la Magdalena sacuda el sudario y ahuyente así a todas las nubes que pretendan romper el sueño de un Lunes Santo. Que aún está por salir ella, la madre que nos ilumina. La Virgen de la Luz que con rostro tornado en amargura, es consolado por todo un barrio, los mismos que consuelan a la vez son amparados. Benditas advocaciones las de esta hermandad, Trabajo y Luz. Cuánta falta hacen en nuestra vida. Ni que decir tiene que el Señor no cesa de escuchar peticiones para aquellos que no encuentran el modo de sustentar a las familias. Pero casi es mayor la importancia de la Luz. Es la que nos abre los ojos y el corazón, las que nos ilumina. La Luz de María Santísima, de manto rojo pasión, como la que debemos poner nosotros en nuestras vidas, que cruzados de brazos no podemos ver su luz, y entonces no encontraremos lo que ansiamos.Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu barrio Zaidín.?

Cristo es crucificado

Amanece en Granada. Otro Martes Santo lleno de entusiasmo y nerviosismo. La indumentaria costalera está ya preparada, y cuando amanezco mi madre planchando el costal está. Qué haría yo sin ella, no solo en mi vida cofrade, ni por mandados o labores realizar, sino por todo lo que me ha regalado y sigue dándome sin cesar. Es Martes Santo y en la casa de los Montes eso se hace notar. Ni un solo compás cofrade se puede escuchar, que toda mi ansia y mi fuerza la guardo para con fe muy bien derramar desde el templo dominico hasta la Santa Iglesia Catedral. El almuerzo se hace eterno, pues el estómago no quiere esperar más, que es todo mi ser el que quiere cargar ya los kilos llenos del gloria del Señor de la Humildad.
Así se vive cada Martes Santo en casa, a la espera de viajar al sueño realejeño lleno de Humildad y Soledad. Son muchos los años que llevo realizando estación de penitencia con mi hermandad y por ello no puedo deleitarme con el Zaidín, su Lanzada y la Caridad. En el coche las ondas radiofónicas me van informando de la salida de esta humilde cofradía. En los diferentes relevos con el costal, alguna vez me he encontrado con sus sagradas imágenes de regreso. Pero es de recogía en Santo Domingo cuando llega a mi entendimiento la grandeza del barrio del Zaidín. Nosotros apenas hemos estado la mitad de las horas que la Lanzada en la calle. Eso es estación de penitencia, y más si cabe tomando conciencia del lugar desde el que parten o en el que se cobijan tras su encierro.
Total entrega la de esta hermandad que lleva a gala su titular mariana, Caridad, y que así sea por siempre. Que al Señor le ruego que ponga los medios para poder dignificar la salida procesional de esta hermandad. Que la carpa no es digno lugar para acoger no solo a sagradas imágenes, sino a su pueblo fiel que le acompaña. Pero también quiero pensar que si el Señor no da pie al cambio es porque así mismo nos da una lección de fe, donde lo más importante no es lo estético, sino lo humano, como bien sabe hacer dicha hermandad. Caridad, caridad y más caridad. Que del negro al rojo ha pasado para que nuestros ojos vean la verdad. Y Longinos sigue clavando la lanzada, y del pecho al atravesar, sangre y agua brota dando lugar a un bautismo, a una conversión inmediata. Verdaderamente este era el Hijo de Dios. Era y es, y los hermanos del Martes Santo zaidinero bien lo saben. Que con total acierto de hiedra han llenado el suelo, carabela en tierra dejan posar, y hasta el casco del romano han decidido bajar. Que por luto o por estética, estos hermanos cofrades han decidido así adornar, sabiendo que por encima de todo son sus corazones fieles los saben muy bien llenar de entrega, amor y humildad.

Cristo muere en la cruz

Cristo muere en la cruz. Aún no ha sonado el cornetín en el Campo del Príncipe para anunciarlo, pero en el Zaidín lleva muerto desde hace dos días. Hoy ha cambiado un altar de oro por un retablo caoba. Es la prolongación del árbol de la cruz, del árbol de la vida. Parece absurdo llamar vida a un símbolo de muerte como es la cruz. Nosotros los cristianos llevamos muy orgullosos colgado sobre nuestros pechos cruces que anuncian vida y esperanza. Para el que no lo entienda puede ver un arma de castigo y ejecución, como si lleváramos una guillotina. Pero nosotros los cristianos vamos más allá porque vemos más allá gracias a Cristo. Él muere en la cruz, su trono de amor. El rey que fue coronado de espinas acaba sus días terrenales crucificado y humillado, desnudo y asesinado. Sabemos que lo hizo para salvarnos, para abrirnos las puertas de la Gloria, y así fue. Aquí mismo, los hermanos cofrades de los Salesianos saben sacar a Jesús a las calles totalmente entregado, derrotado en dolor. Una impresionante imagen en la que se expresa justo el momento posterior a la exhalación del espíritu. Se rasgó el velo del templo. El templo que reconstruiría en tres días, el templo de su cuerpo, de vida, gloria y resurrección.
El Redentor está crucificado y como prolongación de la cruz se presenta ese majestuoso paso que representa el árbol de la vida. Sus costaleros son sus raíces, los que sustentan en buen andar, pero también los que deben sustentar la catequesis de fe puesta en las calles. Qué sentido tendría que esas raíces del árbol, los hermanos costaleros del Redentor, no quisieran saber de su Padre durante todo el año. Por ello les recuerdo la importancia de asistir a los cultos mensuales y participar de la vida, no solo de hermandad, sino de fe, la vida de la Iglesia, y no solo a estos costaleros que me han servido como ejemplo, sino que lanzo dicho mensaje a todos los cofrades que escuchan este pregón, y así lo hagáis llegar vosotros a los que no pudieron esta noche aquí estar.
El auxilio de María, madre de los salesianos, se convierte en Salud para todo un barrio, para una ciudad. La Virgen sale camino de la calle Almuñécar, donde es reina y señora entre la algarabía de todo el pueblo cristiano que la admira. Algunos la siguen mirando extrañados, pues su rostro parece haber cambiado, pero son sus ojos, los que llevan al corazón de María, los que siguen llenando de vida y salud a todo aquel que se preste a mirar con dulzura a su Madre.
Salud de los enfermos, y patrona de los discapacitados que pertenecen a la Guardia Civil y al Ejército. Honor y gloria a ti, Madre, y a tus costaleros que te llevan con buen andar para dar gala de tu poder sobre el mal, sobre toda enfermedad. Tú que sanas los corazones afligidos, que cubres con tu manto a los que dieron su vida por España, dales salud también a los que de enfermos cuidan o entregan sus vidas como cayados para sostener a estos en sus dolencias o discapacidades. (Mamá, nunca te mostraremos en casa todo el agradecimiento que te mereces, pero desde aquí te miro a los ojos y te digo, gracias, gracias por sostenerla a ella y sostenernos a todos.) Honor y Gloria a ti por siempre, ¡oh bendita Madre de la Salud!?

Y al tercer día Resucitó

En la madrugada del sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cieloy acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos. Y hablando el ángel, dijo a las mujeres: Vosotras, no temáis; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, tal como dijo. Venid, ved el lugar donde yacía e id pronto, y decid a sus discípulos que Él ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. Mirad, os lo he anunciado.Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a sus discípulos.De pronto Jesús les salió al encuentro, diciendo: Alegraos. Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán. (Mateo 28, 1-10)
En la madrugada del sábado, al amanecer del primer día, los hermanos cofrades asisten al sepulcro de Jesús en los Vergeles, y como relámpago se encuentran al Ángel que les anuncia la buena nueva. El cirio pascual ilumina la mañana, alumbra más que el sol que luce en el Zaidín. Ha madrugado el barrio para que litúrgicamente vivan la resurrección. La Vigilia Pascual, el centro de nuestra fe y de todo el año litúrgico, se ha celebrado en mitad de la noche. Las campanas de todo el mundo anuncian que la vida ha vencido sobre la muerte, y aquí, en este bendito barrio se hacen eco, pues van al sepulcro a comprobarlo y se encuentran a Jesús, con majestuosidad, en pie bendiciendo y saludando con su mano, con un rostro glorioso lleno de dulzura. Los romanos son deslumbrados por sus destellos de gloria y resurrección y vencen sus cuerpos al suelo, no creen lo que ven.
Ya sale de San Miguel Arcángel la Resurrección del Señor con un andar valiente, al que le sienta muy bien el son de la agrupación musical. Alegría en cada compás que anima al costalero, el cual vive sus últimos instantes de una semana grande, pero los primeros de toda una Pascua en la que debe vivir con gozo y anunciar la buena noticia.
Parece que ya acaba todo, o que empieza todo. Los cofrades nos perdemos en el cansancio de los días y la pasión que vivimos en una Semana Santa más que se pasa, y nos cuesta mirar adelante, a ese tiempo pascual en el que debemos vivir llenos de alegría e ilusión, como lo hacen los jóvenes de este barrio durante todo el año. Parece que cueste pensar en algo fuera de la semana grande por excelencia. Pero entonces aparece ella, la Madre y Reina, la Virgen que con dulzura pasea el Triunfo de Cristo por las calles de Granada. Ella enfundada en blanco y plata, en la penumbra parece que piense sobre todo lo que ha pasado, que aún recuerde todo el dolor acontecido en las horas previas, pero es el sol de la mañana, el que traspasa su palio de maya, el que hace que su rostro se vuelva alegría y ternura, amor inmenso que impregna a todo un barrio, a todo el Zaidín.?

El sentir de un barrio

El sentir de este barrio llega más allá de donde todos ustedes puedan imaginar. Así es hermanos. Este pregón va llegando a su fin, y aunque se canse la pluma al escribir, o mi garganta al recitar, es mi pensamiento el que no se cansa de pensar en este barrio, en su sentir y su vivir que también hacen un poco mío, en sus gentes, las que me abren las puertas de estas calles llenas de amor y buenas intenciones, aunque algunas me hayan traído algún sobresalto, como el de un famoso perro vecino de la calle Polinario.
Sobresaltos los que da la vida cuando te regala a personas con grandes corazones. A diario las veo muy cerca de mí, pero el Señor me sigue premiando día a día con nuevas caras. Rostros de personas que saben vivir lo que sienten, y saben mostrarlo. Que el mayor de los reconocimientos debe ser para la voluntad de todos los zaidineros, los que comenzaron con la aventura cofrade, los que se nos han ido a la Gloria del Padre, especialmente recuerdo a los que se han ido en estos días; reconocimiento también a los mayores y adultos que siguen hoy día trabajando, esto es un pregón joven pero a vosotros también desde aquí deciros gracias por todo.
A los jóvenes su gran reconocimiento como he ido premiando a lo largo de todo el pregón. A ellos que se prestan a todo, que se entregan en todo, como es el caso de Javier Núñez, ese joven que perdió su apellido por llamarse Salud, por llevar el nombre de una Madre de amores. Ese mismo joven, que nos sirve también de ejemplo de entrega en nuestras hermandades y cofradías. A él es al que agradezco que haya sacado a las calles a su sagrada imagen mariana para que me acompañe en esta dulce noche, la Virgen de la Esperanza Macarena de la que él y yo somos grandes fieles y devotos, pero no nos quedamos en comparaciones y rivalidades, que a nosotros nos da igual que vengan de San Gil o Triana, que desde la misma iglesia de Santa Ana venga María bajo palio, que es ella, la Esperanza, la que nos debe acompañar cada día en nuestra vida.
Eso a los jóvenes, y a los padres y familiares agradeceros también vuestra paciencia. Sin duda alguna el gran don que os ha dado Dios, aguantarnos, aguantar nuestras locuras cofrades, aguantar las marchas procesionales sonando en tiempos fuera de lugar, ya sea en agosto en la orilla del mar o en plena Navidad.Gracias por soportarnos cuando nos mandáis hacer alguna tarea y así bien la realizamos nosotros, pero con pasito corto y racheao, sumándole para colmo voces dignas de capataces, sino abusamos también al golpear en puertas y portones esos llamadores que nos hacen soñar con estar a los mandos de los grandes misterios. Prefiero no preguntarme cuántas siestas habré interrumpido en mi vida haciendo sonar las puertas de media Granada, o mejor dicho de media España. Gracias por vuestra paciencia, pero también por saber cuidar y hacer brotar esa semilla cofrade que muy adentro llevamos. Gracias por estar ahí y por entendernos.
?
A los baluartes de nuestra semana mayor y de este barrio del Zaidín, muchas gracias, especialmente reconocer un nombre, una persona, Estefan Rosillo, un cofrade singular del que muchos solo ven dos palabras en cortos acercamientos, pero del que os animo a conocer algo más, a saber escucharlo y entenderlo, y sobre todo a apreciar la gran fe en Cristo Jesús y el inmenso amor que tiene por nuestra Semana Santa.
Señoras y señores, el Zaidín es especial, así os lo he querido transmitir con mi mejor intención y esfuerzo. La vida continúa, y espero que sean muchos los encuentros que aquí tenga. Que este pregón solo sea un pequeño recuerdo dentro de una gran historia.
Que este barrio, o mejor dicho, sus gentes, me sigan abriendo las puertas para vivir momentos de alegría, amor y felicidad, pues si la vida aquí en este mundo son dos días, será mejor que la vivamos amando y riendo, así nos acostumbramos a lo que en la Gloria viviremos.Quizá ya no lo recuerden siquiera, pero comenzaba esta obra cofrade hablando de la noche, de la fría noche que apesadumbraba los corazones. Pues yo les digo, que aquí la noche no es el fin, que la noche es tiempo también de salvación. Que no tengan miedo y vivan en plenitud. Que el Señor, el sol que ilumina nuestras vidas, reina día y noche sin cesar, y si sus vidas tornan a la oscuridad en algún momento, acudan a Él, abridle las puertas de vuestro corazón, abridle las puertas de vuestra vida.



Es tiempo ya de olvidar el pasado,
sacarla faja y el costal,
el capillo y la dalmática del cirial.
Que es Granada una ciudad embrujada
cuando por primavera,
la primera luna llena se hace esperar,
pues Cristo y sus fieles ya saben
que su muerte y pasión está por llegar.

Es con la Luz en Polinario
donde lo van a martirizar
cargandocon la cruz,
pues aún no ha pasado el Cirineo
y ya el sudario de la Magdalena
ensangrentadoen sus manos está.

Te estremeces y suspiras al verlo,
cierras los ojos en el dolor,
porque Cristo desde la cruz te quiere mirar.
La lanza atraviesa su costado
y entonces éste
derrama no más que fe y caridad.

Tus hermanos no huyen ante la muerte
que son los salesianos
los que acuden al Redentor para embalsamar
y con buen hacer y valentía
siempre trabajando desde la humildad
a la Salud saben pasear por todo su barrio
con el dulce caminar de su costalería.

Entonces, en mitad de la noche
un sueño parece deslumbrar.
Es María Santísima del Triunfo
quecon fervor y algarabía va,
porque ya anuncia en los Vergeles
la victoria de Cristo Resucitado
el que con poder y Gloria entre nosotros ya está.

Que ya está pregonado todo este barrio:
su juventud, el buen hacer y su fidelidad,
pues con mucho trabajo y esmero
a todos una lección cada año nos vuelven a regalar.
Porque son estas calles humildes
las que de amor y alegría ponen a rebosar.

Y sí señores, que ya se va este pregonero,
que mirando al cielo gracias da a su Padre de la Humildad.
Porque si diciendo Realejo
se me llena la boca,
pronunciándote a ti, Zaidín,
se me vuelve a llenar.







He dicho.





Granada, 27 de febrero del año 2014.


CASA DE HERMANDAD: Placeta San Gil, nº 10-1º A. 18010 GRANADA | secretaria@cofradiaalhambra.es

Regresar a contenido | Regresar al menu principal