COFRADIA SANTA MARIA DE LA ALHAMBRA


ir a contenido

EXALTACION XXIX

EXALTACIONES



Y habiéndosele aparecido el Ángel en donde estaba María, le dijo éste:
Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.


María respondió: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí, según tu palabra.


María dijo sí. Y de ese modo, en ese mismo instante, nació la Semana Santa.

La Anunciación y la Encarnación son los elementos que determinan la vida de María, imprimiendo en ella un carácter inquebrantable, invariable hasta en el mayor de los pesares: Ver sufrir y morir en la cruz a su divino hijo y tenerlo después muerto en sus brazos. Ella, siempre mujer, Ella siempre madre y Ella siempre Virgen Inmaculada.
Hoy, día de Tu Encarnación, te dedico María Santísima de las Angustias de la Alhambra Coronada, mis primeras palabras que son oración.


A ti María Santísima, intercesora ante tu hijo.
Madre de bondad infinita,
entre todas las mujeres, bendita.
Tú, sin pecado concebida
y por designio de Dios
a Madre nuestra elevada.
Recibe las alabanzas
que este humilde pregonero
lanza a las alturas, más allá del cielo.
Y concédeme la gracia
en este osado atrevimiento
de venir hasta tú casa a decir ante tus hijos
que yo, también, te quiero.

María de Gracia plena, tú bendita flor,
deja a este hijo enamorado,
que hoy vaya junto a ti,
que hoy camine a tu lado.
Y me permitas ser paje de tu celestial realeza
Para enjugar tu llanto
y ensalzar tanta belleza.
Haz que mi voz tenga temple de campana,
De susurro, de la brisa y de rumor del agua.
Y deja que sea yo, Madre, quien te diga,
en esta dulce mañana:
Virgen de la Alhambra,
Señora y Reina de Granada.

Así es mi saludo, Madre. A ti dedico esta oración, en esta mañana blanca de tu Encarnación.
Son muchas las cosas que quisiera decirte, expresarlas de viva voz, sin haberlas escrito antes, porque, hablarte para mí es sencillo, tan sencillo como amarte.
Qué fácil resulta para un hijo comunicarse con su Madre, sólo el amor que por Ella se tiene, hace que el corazón, en todo momento, sea el que mande. Y las palabras vayan fluyendo a borbotones, como los surtidores despiden al aire sus gotas de agua clara, quiero que así sean las palabras que te dedique: Limpias, claras, sinceras, cercanas y llenas de amor de un hijo enamorado.
Reverendo Padre Consiliario

Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Muy Antigua Hermandad Sacramental de la Santísima Trinidad y Nombre de Jesús y Real e Ilustre Cofradía de Penitencia de Nuestra Señora de las Angustias de la Alhambra Coronada.


Sr. Presidente de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Granada.

Hermanos Mayores.

Hermanos y amigos todos.

Hermanos de la Alhambra: Antes comenzar os pido vuestra comprensión, vengo de la mano de la humildad, me presento hoy ante vosotros y vuestros Titulares con el único mérito de ser un ferviente enamorado de la imagen y la advocación que nos preside y que es el consuelo de nuestras angustias.
También me veo en la obligación de contaros algo, que no es ningún secreto: Yo me considero mariano hasta lo mas profundo de mi ser y aunque creo que Dios, Nuestro Señor, es norte y guía de nuestra existencia, también creo firmemente que María, su bendita Madre, es el mejor puente de gracia para llegar a Él. Por eso siempre doy gracias a la Virgen Madre de Dios y nuestra. Por despertar cada día, por mi familia, mis amigos, mi trabajo, por mi salud y la de quienes me rodean.
Soy de los que creen que a La Virgen, no hay que pedirle, solo agradecerle, Ella ya nos lo dio todo, lo más grande que una madre puede ofrecer, nos dio a su hijo, lo ofreció al padre en nombre nuestro.
La imagen que veneramos nos lo demuestra, la estampa de María, llena de Gracia y de Angustia nos ofrece a su hijo amado. Él ha muerto por nosotros y Ella, en el más intenso de los sacrificios, nos dice, aquí lo tenéis, al mejor de los nacidos, que ha padecido y muerto en la cruz por vuestros pecados.
Puede que a algunos os haya extrañado la frase, "vuestros titulares". Sí, los Titulares de esta hermandad, para mi son dos, aunque la imagen del Señor no esta bajo ningún titulo ni advocación en el nombre de la hermandad, pero ellos son dos: Madre e Hijo convertidos por la magia de la gubia y la bondad de la madera en uno, no existe representación donde mejor se armonice, se concilie una unión, que en la Sexta Angustia de María.
Tras el descendimiento de la Cruz, los Santos Varones depositaron a Cristo en el regazo de su Madre. Su cuerpo resbala hasta el suelo, marcando un mayor dramatismo: La actitud de la cabeza del Señor, soportada sobre la mano derecha de la madre. Su cuerpo sobre las rodillas maternas, la laxitud cadavérica de brazos y piernas y sus manos enlazadas, las dos, la de la Madre y la del Hijo. Momento de sublime patetismo que, en inevitable contraste, evoca el recuerdo de los días felices en que la Virgen acunaba, igualmente amorosa entre sus brazos al pastorcillo pequeño y travieso. Y aunque creo en su dolor y en su profunda pena de madre, vosotros que conocéis, y sabéis que en mi mente evoco, también mi pasión, debilidad y credo por la que habita en las marismas, Señora y Madre del Rocío, de la que siempre guardo la esperanza de verla en mayo, feliz y dichosa con su hijo pastorcillo y rey.
Esa fe en la madre de Dios a mi me la inculco mi padre y así intento hacerlo con mis hijos.
Mi padre me educó en dos creencias, que son norte y guía de nuestras vidas cristianas y están arraigadas en lo más profundo de nuestro granadinismo: Jesús Sacramentado y el amor a la Virgen en su advocación de las Angustias. Vosotros, hermanos de la Alhambra, lleváis las dos en vuestros estatutos como hermandad y en el corazón, grabado a fuego de amor, como dogmas de fe, así que en esta mañana de luces cuaresmales me siento aún más unido a vosotros como cofrade y como granadino.
También os doy las gracias por llamar a mi puerta y ofrecerme este atril para exaltar a quien más se lo merece. Es curioso que yo venga a hablaros de lo que vosotros conocéis mejor aún. No esperéis de este exaltador las palabras de un experto literato, no lo soy, no esperéis que mi prosa sea ágil y ordenada, no quiero defraudaros, pero sabed, sí, una cosa: Cada palabra está escrita con sentimiento y emoción, por ello espero que esta pasión que he puesto al escribir la exaltación a la Virgen de la Alhambra y a su bendito hijo suplan mi torpe escritura.
Y ahora si me lo permitís, dejadme que esta exaltación sea una historia de amor, mi historia de amor con esta Hermandad y sus Titulares.
Cuentan que un rey moro, sentado en su palacio del Albaicín, contemplaba la colina de la Sabika, al otro lado del río Darro y decidió que sobre esa colina, para proteger mejor su reino, se construyera la más prodigiosa de las fortalezas y en su interior, los más bellos palacios. Fiel a su religión, buscó el lugar idóneo para construir una mezquita donde rezar a su Dios.
Pasados los siglos de ventura de aquel reino, otros reyes, ahora cristianos, conquistaron el reino moro, les fue entregada la fortaleza y ocuparon los palacios. Aquellos reyes, llamados Católicos, también fieles a su religión, decidieron que aquella mezquita se convirtiera en lugar de culto cristiano y se consagró a Santa María. Y tras el paso de los años tomó el aspecto de una iglesia cristiana.
Cercano a la mezquita había un palacio, unos frailes franciscanos que acompañaban a la corte lo convirtieron en su lugar de retiro y oración y para presidir la capilla del nuevo convento, llegó, transcurrido el tiempo, la imagen de una Virgen de la Piedad, tallada por un escultor accitano de cierto renombre en la época y luego mucho más: Torcuato Ruiz del Peral.
Desde su llegada al convento se veneró a la Señora bajo la advocación de los Dolores, allí comienza una historia de amor con las gentes que habitaban las cercanías del convento. Pasado algún tiempo más, la imagen se trasladó a la cercana iglesia de Santa María.
Estando en la Alhambra y siendo de Granada, el pueblo, siempre sabio, no podía dar otro titulo y advocación que la de Santa María de las Angustias de la Alhambra, allí aumentó la devoción para con la imagen y llegado el siglo XX, unos cofrades granadinos consideraron que una imagen de tal belleza artística y devocional debía bajar a Granada, como titular de una hermandad penitente, para dejar a su paso, su mensaje de amor y entrega. Esta historia de amor que ya dura varios siglos ha llegado hasta nuestros días llena de vigor admirable y pasional. Y año tras año, Granada entera espera encontrarse de nuevo con aquella imagen que llegó para presidir y ser centro de oración en la clausura del convento de unos hermanos franciscanos y ahora es imagen venerada, querida y devocionada por toda la ciudad.
Vosotros, herederos y guardianes, mantenéis viva la llama de la devoción cofrade por esta sublime y bellísima imagen y sois los protagonistas y continuadores de esta feliz historia de Granada y su Semana Santa y yo, como granadino y cofrade, no puedo ni quiero estar al margen.
Y ahora me pregunto, ¿Qué me acerca hasta vosotros?, ¿qué me une y nos enlaza? Al principio pensé que eran pocos los vínculos, pero rebuscando en mi memoria, he ido hilvanando hasta confeccionar una historia de pocos capítulos, pero intensa. Como os digo, ni puedo, ni quiero estar al margen, esas vivencias que ahora son recuerdo, y me han hecho ser uno más de los que quieren y adoran a la Virgen de la Alhambra.
En primer lugar intenté recordar cual fue mi primer encuentro con la Virgen de la Alhambra y no me fue difícil, lo tuve tan claro, parece que fue ayer y ya han pasado tantos años.
Fue una tarde de Jueves Santo, de la mano de mi padre, con él yo salía a ver las procesiones, como siempre se ha dicho en Granada. Buscábamos una esquina cualquiera, Granada es tan bonita que da igual donde te detengas a disfrutar de una cofradía, y la vimos en la calle Jesús y María, delante de lo llamado entonces "La gota de leche", algo tuvo que dejarme aquel encuentro, porque a pesar de mi corta edad, por entonces solo tendría cinco o seis años, aquel momento está grabado en mi memoria con dos detalles. El primero es que en la oscuridad de la calle, el trono de la Virgen relucía como luna llena en noche cerrada, yo lo veía enorme, pero me pareció tan bonito, sobre todo aquellos arcos de plata que mi padre me decía, ves son como los de la Alhambra, y el segundo, aquellos hombres que la llevaban, como me llamaba la atención aquel esfuerzo, como se levantaba el paso al sonido de la campana, no se si aquel detalle fue una premonición, y otra cosa que se me olvidaba, Que me gustaban aquellos hábitos con capa, y los zapatos con hebilla, ahora sé que son chapines, que distintos eran aquellos hábitos al del resto de las hermandades. Siempre me han gustado los hábitos de Alhambra.
Además había otra razón de peso para ver la Alhambra, no solo el hecho de ver la procesión y a la Virgen.
Quizá muchos de vosotros no lo sabréis, pero en mi familia hubo durante muchos años un cofrade de la Alhambra. Fiel a la tradición cofrade en mi casa, iniciada con mi padre como hermano de los Favores, la cercanía de la casa familiar, por entonces mi familia vivía en un bello Carmen junto a Torres Bermejas, hizo que mi hermano José Luís se apuntara a la cofradía de su barrio, a la alhambra, durante años vistió el hábito crema y azul de la hermandad, incluso después de mudarse la familia al Albaicín, de ahí que era casi obligado el que viéramos la procesión, luego pasado el fervor cofrade, mi hermano dejo de salir, pero se mantuvo en la nomina de hermanos, por lo que el cobrador seguía pasando por casa a cobrar los recibos, un buen día venia ofreciendo una fotografía de la Señora, con su venta se colaboraba con la hermandad, y aquí se crea otro vinculo inolvidable. Mi madre compró aquella fotografía y la mando enmarcar, pasó a ocupar un lugar de privilegio en mi casa, adornaba y presidía una pared en el dormitorio de mis padres sobre su cama, bajo aquella imagen mi padre un día nos dijo adiós para irse con la Señora, estoy seguro que durante su penosa enfermedad postrado en aquella cama y conociendo sus claras convicciones cristianas, mas de un día y una noche rezo a aquella imagen, aun hoy, ahora ya en otra casa, ocupa el mismo lugar de privilegio y protección.
Existen más vínculos que nos unen, pero hay uno que me llena de alegría y satisfacción.
La amistad, eso tan fácil de decir y a veces tan difícil de mantener, la amistad para mi es un valor, es mucho mas que un vinculo, y en esta hermandad son muchos los amigos inscritos en su nomina. Con algunos como es el caso de Miguel Campos, su mujer Carmen y su hijo Alfonso ya los considero casi como de mi familia. Con otros trabajo a diario, aunque no suene muy bien, eso de ser tu jefe y además amigo, pero no lo llevamos tan mal, verdad José Luís, como no, con Antonio Olivares con quien además de amistad, hemos compartido algunos buenos momentos de radio, y mi amigo Paco Albea buen costalero y mejor persona, con los demás perdonar que no los nombre a todos, pero aunque no exista una relación diaria, nunca nos faltan buenos momentos para vivirlos juntos y hablar de las hermandades y de las cosas de la vida. Aprovecho este momento para agradecer a uno de ellos, en esta caso a Roberto Martín sus presentación, trabajada y dedicada desde el cariño, gracias amigo Roberto. Así que hoy mis palabras también están dedicadas a vosotros, mis amigos de la cofradía de la Alhambra, por vuestra labor dentro y fuera de la hermandad siempre con la devoción y el amor por los titulares como bandera, mi agradecimiento y mi aplauso.
Y ahora permitidme que en esta miscelánea de recuerdos y encuentros me dirija a ella.
Al poco tiempo de verte nacieron mis primeras inquietudes cofrades que me acercaron a la hermandad de mi barrio, La Aurora. Yo tenía unos siete años, y como cualquier niño, al principio era solo una cuestión de novedad y casi de divertimento; el poder salir de casa solo, llegar tarde casi de madrugada, pero Madre, yo me fijaba en un detalle curioso y entonces no entendible, permíteme que te cuente como hombre lo que pensaba como niño.
Tu ya sabes que los chavales lo miramos y comparamos todo, pues yo al verte, creía que tu dolor era el más grande, porque sobre tu seno llevabas a tu hijo muerto, no eras como las demás Vírgenes que yo veía bajo palio y paseaban su hermosura y belleza y que a veces en su divina cara no había dolor, solo resignación y quizá un halo de esperanza, además ahora sé que no te hace falta palio, que mejor palio que el cielo azul de esta ciudad encantada. Tarde en entenderlo, pero tu lo entiendes todo.
Fueron pasando los años y solo el momento de tu salida en procesión me acercaba un poquito a ti, hasta aquel Sábado Santo de 1979.
Aquella fue nuestra primera cita, yo andaba entonces por los catorce y tú estabas como siempre que te preparas para salir, bellísima, sobre un calvario de flor blanca como la nieve del Veleta, tu imagen aparecía esplendida, radiante sobre tu trono de plata, estabas justo aquí y yo vine para llevarte.
No muchos saben que él que hoy se presenta ante ti armado con unos pocos folios, y con un solo sentimiento, el amor que siento por ti, en aquel sábado santo, introduje mi cuerpo de casi niño bajo los faldones de tu paso y fui tu mas fiel costalero, porte tu cuerpo sagrado y el de tu bendito hijo durante horas con la pasión y la devoción del que solo entiende la palabra costalero como algo único y maravilloso.
Ese día disfrute todas y cada una de las marchas que sonaban en tu honor, ese día fui todo tuyo junto a mis compañeros de trabajadera, aprendí a quererte mas, a fijarme mas en ti, a mirar tu rostro como madre y señora. Es tan grato el recuerdo, que hoy quisiera buscar un sitio bajo las trabajaderas de tu paso azul y plata, hoy quisiera volver a ser aquel chaval que bajo tus andas disfrutaba de la comunión costalera con mis hermanos y te paseaba por Granada…

Y yo fui tu costalero.
Quise, en aquella tarde,
ser alivio de tu pena.
Y que sobre mis hombros descansara,
tan vil e intensa condena.
Yo fui madre tu costalero
y ceñí mi faja al cuerpo
para bajo tu paso prestarte mis fuerzas
y mis hombros de acero.
Junto a mis hermanos,
hombro con hombro
ajustado al costero
con lento rachear de alpargatas
y rezando en silencio
fui soporte de tu frágil y dulce cuerpo.
Y mis pies fueron oración
y mi sudor, mi credo
pasee tu dolor y tu amargura
por calles de tinieblas
te mecía despacio,
como lo hace una madre
te mecía con ternura
para aliviar tu pena
y darte consuelo.
Yo fui tu costalero Señora
y lo hice madre con tanto apego
que así aprendí a quererte
si madre, fui tu costalero
y ese día bajo tus andas,
yo a tu lado toque el cielo.


Gracias Madre por darme aquella feliz oportunidad tan mía y a la vez tan tuya, tan nuestra, porque ser tu costalero es una emoción que nunca se olvida.
Y quiero decirte mas, quiero decirte, que yo seguiré siendo siempre tu costalero, y racheare mis alpargatas por las frías calles del dolor o por la inmensidad de las silenciosas catedrales, y sea a costal o a hombros, con o sin largueros, que eso no importa nada. Te lleven como te lleven, ya sea en tu trono de plata o en unas sencillas andas, siempre serás la reina y señora de la Alhambra.
Luego hubo un tiempo en que yo me acostumbre a verte, esta, tu casa estaba necesitada de una restauración, y así quiso Dios, se escogiera como morada para venerar tu imagen La parroquia del Sagrario, que casualidad, tan cerquita de mi trabajo, así que de vez en cuando yo me asomaba a tener ese ratito de conversación contigo, pero llego el momento en que debías volver a esta tu casa, fue una noche donde irradiabas grandeza yo te vi marchar por la misma cuesta de San Cecilio que un día yo te bajara y me quedo un vacío que no sabia como llenar, pero tu que sabes tanto y como mujer siempre tienes una solución, buscaste la forma para que no estuviésemos separados.
Alguien pensó que tu imagen debía ser cartel que anunciara la semana santa, y te traje conmigo a mi casa, bueno no es exactamente mi casa, pero paso mas horas en ella que en mi propio hogar, así que en esa fotografía que estas tan majestuosa, esta enmarcada y colgada en la pared tras de mi, el por entonces tu hermano mayor además director de la emisora, no me iba a prohibir esa pequeña licencia de colocar tras de mi mesa en la radio tu imagen, así que cada mañana cuando llego a mi trabajo, a quien veo es a ti, y contemplar tu imagen me anima y me ayuda a cumplir con mi tarea, además de sentir tu amorosa compañía.
Como ves es una pequeña y personal historia de amor que me ha ido acercando mas a ti conforme caían en el papel una a una las palabras, me ha gustado tanto recordarla y escribirla.

Seguro que cada uno de vosotros tendréis vuestra particular historia que se mantiene viva y va creciendo todo el año, pero que duda cabe que su expresión mas elevada, cuando mas se significa y es manifestada, es cuando la hermandad hace estación pública de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, el pregonero no participa físicamente en la vuestra, pero hoy quiero con mis palabras caminar junto a vosotros.
Cristo murió en el Campo del Príncipe a las tres de la tarde del viernes santo, tras expirar en el calvario al otro lado del río, lo han bajado de la cruz, y ahora queda en brazos de su madre, ¿Cómo podemos imaginarlo?, ¿Qué angustia aflige a la madre? Conque Piedad y dulzura lo acoge en su bendito seno. Ahora no la miréis como Reina, no hay corona en sus sienes, solo un puñal en su pecho, solo es mujer dolorida, toda ella es puro lamento, sabéis que os digo, Ella lo ve como dormido parece que no ha muerto.
Recogido amorosamente por María su Madre, se cumplirá la profecía de Zacarías,"y pondrá sus ojos en mi, a quien traspasaron y lloraran como suele llorarse por un hijo único y harán duelo por mi, como se suele hacer por la muerte de un primogénito"
La tarde se dibuja de añil cuando los ecos de las campanas de iglesias y conventos llaman a la liturgia del sábado santo, mientras las almenas de la fortaleza nazarí parecen brillar como un ascua de fuego al recibir los rayos de un sol de primavera que ya se aleja por Sierra Elvira.
En el recinto de la Alhambra la primavera es más primavera, todo es tan intenso, la paleta de colores primaverales se descompone en una gama de matices que a simple vista no se perciben, pero que nuestro corazón siente: el blanco del alma, el verde esperanza, el azul inmaculado, el rojo que encarna, y un negro de luto, por la muerte de un hijo amado.
En el interior de la iglesia se escucha de boca del diputado mayor de gobierno, pueden cubrirse hermanos, suena el primer golpe de martillo y la hermandad ya esta preparada. Es la hermandad de la Alhambra una hermandad distinta en su forma y concepción a la hora de ponerse en la calle, es tan granadina como lo es Ella. La expresión del rostro de Ntra. Sra. es del más puro dolor sublimado y plena angustia, pero no exteriorizados, sino expresados de forma íntima, la mas pura expresión de una mujer granadina, la Virgen de la Alhambra es granadina en todo su ser. Y así es su hermandad.
Y en el exterior todo está preparado para recibir a la señora, no puede existir lugar más bello en el mundo, una maravilla, que guarda otra maravilla… y de fondo el Polinario que recuerda a un Lorca cofrade con una cruz de guía que ya se pone en marcha.
Al aparecer su imagen por la puerta, la Madre expone al Hijo martirizado, requiriendo compasión y piedad en su angustia, y Granada se la ofrece en oraciones y palmas que aquí son consuelo. ¿Pero quien al verla no se deja arrebatar un suspiro tras cruzar el dintel de la puerta?
Mientras, vuelven a resonar siglos después en los muros rojos de la Alhambra un eco de roncos tambores, aquellos tambores que en otro tiempo llamaran a la batalla, los de hoy redoblan en señal de duelo invitando a la oración.
Tras cruzar la "Bib al-hamra'" Puerta Roja o Puerta de la Alhambra, llamada hasta hoy por confusión con el original "Bib al-jamra" o Puerta del Vino, la hermandad se presenta con seguridad en el lugar mas destacado y señalado de todo su recorrido y permitidme que os diga, sufrido y complicado para los costaleros, mi amigo y compañero Miguel Campos siempre me cuenta que los moros construían las puertas de esta guisa con carácter defensivo, retorcidas y empinadas, pues se yo de quien se acuerdan los costaleros a su paso por la puerta.
Pero si toda la Alhambra es un joyero donde se guarda la más bella gema, la Puerta de la Justicia es el lugar donde mejor se expone y presenta
Aquella puerta por la que cruzaran, reyes y embajadores de reinos y tierras lejanas quedando sorprendidos por su majestuosidad, cada Sábado Santo se hace si cabe más majestuosa para cobijar por unos momentos a la Señora y despedirla cuando abandona la fortaleza.
Ahora apelo a vuestra comprensión y casi a la mía propia. Para un servidor que no lo entendía como el acto mas genuinamente cofrade, aun me queda en el recuerdo, la imagen de aquella cascada luminosa que servía de telón de fondo a la salida de la Señora, como cambian los tiempos, pero hoy la luz se convierte en aroma de los pétalos que vuelan sobre Ella para acariciarla llevando impregnada la fragancia de los jardines del Partal hasta Granada. Da igual el sentido, siempre manda la belleza.
Y aquellas palomas que se soltaban al aire y en su vuelo siempre alguna acababa posada en la mano del Señor, y recorría la ciudad como símbolo de Espíritu Santo cubriendo de paz y gracia divina los corazones.
San Juan Bautista dio testimonio

"Vi al Espíritu Santo que descendía del cielo cómo paloma, y permaneció sobre él"
Una paloma blanca del cielo bajo
Como símbolo de amor
Para sanar tus heridas
Nuestro padre redentor
quien fuese esa paloma
y en tu mano se posara
para aliviar el dolor
de tan profunda llaga.

Que esplendor Señora ver tu imagen enmarcada ante tan grandiosa obra, mientras la campana de la Vela anuncia Tu salida del recinto, hoy no parara de sonar reclamando Tu regreso, suena con un lamento que inunda toda Granada de sentimiento.
Avanzas por el bosque aquel que mandara plantar el duque de Wellintong, hoy se ha convertido en bóveda de catedral viva para cubrir tu paso, los olmos son columnas y volutas sus ramas y en las acequias el agua se bendice a tu paso mientras bajas a Granada.
Al cruzar la puerta de las Granadas y desafiar la cuesta de Gomerez te acercas cada vez mas a toda una ciudad que espera impaciente tu llegada, Granada te esta esperando.
Y al verte, te recibe con una pregunta que solo tiene una respuesta, ¿Qué hiciste madre, para merecer esto?, era el designio de Dios Padre.
Ante tu presencia nace la oración.


Para ser Madre de Dios un ángel bajo del cielo
y el espíritu de amor, en tu vientre se formó
María de Gracia plena, nuestro padre Redentor.
Tu Madre Inmaculada, Tu bendita flor
Como sufres siendo Reina, tan henchida de dolor.
¿Qué pena hay en tu pecho?
¿Qué puñal se te clavó?
¿Por qué tu rostro bendito de lágrimas se llenó?
Deja madre que vayamos junto a Ti,
Que lo hagamos a tu lado.
Para quitarte la pena, para secar tu llanto.
Que este pueblo enamorado te quiere consolar,
Y la angustia de tu rostro no desea verla más.
Deja que Granada
te lleve hoy de la mano,
por sus calles y sus plazas
y que descubra a cada paso
el amor que te profesa.
Es Granada, la que tanto sabe
De Angustias y quebrantos
Quien creo este paraíso
Para consuelo de tu llanto

Toda la ciudad se da cita para verte por calles, rincones y placetas, una ciudad revestida de aromas a primavera; de rosas y jazmines de los cármenes albaicineros, de arrayanes y albahacas de la vega, de mirtos y manzanilla de la sierra, de los tilos de Bibrrambla…
Mientras del valle del Darro bajan lamentos gitanos del Sacromonte con sones a tarantas y cantes lastimeros de fragua que se funden con los ecos de las campanas de las monjas del Carmen, negros velos tras celosías contemplan tu caminar y en su misal una frase.
¡¡Oh vosotros los que pasáis por el camino, mirar y ver si hay un dolor como el mió!!
Granada que sabe de tu amargura, rodea tu paso por las calles, María de las Angustias, un pueblo creyente que también sufre de una angustia terrenal, una angustia humana, tan cercana que nos llega a tocar.
Angustia de frías noches, en portales de los cajeros automáticos y sobre los bancos de los parques con mantas de cartones, que cubren cuerpos y almas olvidadas.
Angustia de los sin tierra: pobres, acosados y perseguidos que se embarcan para cruzar un mar real en busca de un imposible sueño.
Angustia de familias desalojadas y desahuciadas, tras el engaño y la sinrazón de modernos fariseos sin moral ni principios.
Angustia en hombres y mujeres que reclaman el derecho a un trabajo que dignifique sus abatidas vidas.
Nuestra sociedad padece angustia Madre, una angustia cruel, tan real como la fe que tenemos en ti. Como decía al principio soy de los que creen que no hay que pedirte, solamente darte gracias, pero señora, cuando tu imagen recorre las calles de Granada, son muchas las peticiones, los ruegos, los favores que llegan hasta ti desde corazones dolidos y desesperados, en ti confiamos, en ti los que creemos nos agarramos como balsa en el naufragio, eres nuestra ultima esperanza. Ya lo dijo Santa Teresa, su dolor es mi dolor. También eso es Semana Santa.

Por pasiegas la oscuridad se ha hecho dueña de la noche, Y en esta noche de sábado santo, las estrellas lloran lágrimas de plata que caen desde el cielo y se convierten en aromas de sándalo, y ungüento de mirra para el Santo Entierro.
Verte en el interior de la Catedral evoca un momento dichoso, lleno de ventura, aquel bendito día en que sobre tus sienes colocaron una corona de Reina.
Déjame que en recuerdo de aquel día, ahora te dedique un piropo niña guapa.
Por la Alhambra eres reina mora,
Por Gomerez Señora encantada
y cuando llegas a Plaza Nueva
ya eres reina de Granada.


Al salir de la catedral me vuelven los recuerdos, Yo escribí unas palabras para un amigo capataz y hoy aunque algo modificadas, permitidme que se las dedique a un buen y querido amigo que durante años, tuvo la bendita suerte de ser capataz del trono de la Señora. Hace algunos años en una Semana Santa difícil y delicada para mi, tuvo a bien dedicarme una levanta del trono de Santa María. Aquel golpe de campana resonó en lo mas profundo mi corazón, significo tanto bueno en un mal momento, no hicieron falta palabras, ni dedicatorias publicas, con un solo gesto, con una solo mirada estaba todo dicho, aquella levanta estaba dedicada a un servidor y se hacia con todo el afecto que un amigo siente por otro en los momentos difíciles, hoy amigo Paco quisiera modestamente intentar corresponderte y agradecerte aquel bellísimo detalle que para mi es inolvidable.
A mi amigo Paco Figueroa, capataz que será siempre de Santa María de la Alhambra.
Cuando el Sábado Santo suene el primer golpe de campana en el trono de la Virgen de la Alhambra, capataz, estarás llamando a las puertas de la Gracia Divina.
Estarás pidiendo a la Señora que durante unas horas abandone su palaciega morada, donde Ella recibe y es amada, para entregarse a otro amor, el de quienes nunca vienen a visitarla, y la esperan allí, en Granada, para que ella reparta su gracia. Y Ella que en ti confía, ira tras de ti, despacio, sin prisa, repartiendo amores y recibiendo caricias, caricias de manos que hasta la plata de su canastilla llegan y sirven de consuelo, de paz, de alivio, de esperanza, de amor. Y su trono se ira impregnando de amores, de ruegos, de gracias, de suplicas, de plegarias, de promesas, ¿has visto capataz, cuanta grandeza llevas en tus manos?, tú que la tienes tan cerca, tú que marcas sus pasos, haz que el momento sea eterno, que disfrute Granada antes de volver a su barrio. Gracias capataz por quererla, gracias por mimarla tanto.
El frío aire de Jesús del Valle te recibe al llegar a Plaza Nueva, Manos anónimas elevan tu trono, y sobre sus hombros tu pueblo, ahora se hace dueño de tu paso, tu te dejas llevar y querer, eres merecedora de todo el esfuerzo que te ofrecen convertido en devoción.
Y te vas despacio y te me escapas subiendo Gomerez desde Plaza Nueva hasta la puerta de las Granadas, Las torres bermejas, altaneras y solitarias al verte pasar sienten envidia, no son morada de Reina, cruzas la puerta emperadora de granadas llena, y te alejas flotando entre verdes de jade y esmeraldas, sigues tu lento y pesado caminar hasta el rojo rubí de tu Alhambra.
Y casi a la puerta de tu casa, cruzara el aire un quejido, una flecha amarga que solo hiere a quien la lanza, un lamento profundo, desgarrado, que sale de lo profundo de la garganta, un ¡ay¡ lastimero cubierto de terciopelo negro de noche, que detiene el tiempo y se hace oración.

Era la noche llegada
Las tinieblas nos cubrían
Cuando aquella prenda amada
En los brazos de María
Cadáver se lo entregaban.


La vela ha quedado callada te sabe de vuelta, se siente tranquila porque no existe Señora mejor palacio para ser tu casa, que esta colina roja que domina Granada.
Concluyó la estación de penitencia y nos queda ese pellizco en el corazón, esa cosa sin nombre que nos sobrecoge: habrá sido al escuchar la saeta, el sonido de la marcha, una chicota valiente, o simplemente el íntimo sentimiento del nazareno tras el deber cumplido, o quizá todo a la vez. Son emociones tan nuestras, que nos corren por las venas y se detienen en el corazón, por eso la semana santa es tan nuestra, tan de dentro, aunque se viva en la calle, aunque se establezca fuera, siempre nos queda un momento mágico que guardaremos en esa caja fuerte que es el recuerdo y que solo abriremos muy de vez en cuando.
Fuera en el silencio nocturno solo quedara un testigo mudo, la luna esta noche dormirá intranquila, su sueño estará salpicado de una inquietud que le hará poco a poco oscurecer, esperando el dichoso momento de la resurrección.

Y ahora Virgen mía, se nos acerca el tiempo esperado con anhelo cofrade, se cierra el ciclo un año mas, se vuelve a la pasión y a la feliz resurrección, y a mi se me acaba el tiempo que he compartido contigo y tus hijos en esta mañana de recuerdos y emociones. Que corta se me ha hecho la chicota señora, pero cuanta ha sido mi suerte, que bonito ha sido estar contigo.
Solo me queda un lamento, tener que decirte adiós, porque yo a tu lado quisiera quedarme.

Si tu madre me dejaras
Que como niño dormido
en tus plantas me quedara
dejaría una vela encendida
que iluminara tu cara.
Y al llegar la mañana
Cuando despertaras
Abriría la ventana,
Para que el sol con su luz
Iluminara tu cara.


Pero eso es imposible así que si me lo permites deja que sean mis palabras las hoy que se queden contigo.
Por la brisa del bosque alhambreño que acaricia tu rostro de puro dolor y plena angustia, y lo convierte en dulzura y amor de madre, me quedo contigo.
Por el aroma de las flores de los jardines de un Generalife encantado, que invaden y embriagan con su perfume tu cuerpo y alivian el dolor del puñal de tu pecho, me quedo contigo.
Por el agua de las fuentes y acequias de la Alhambra que purifica y cura las llagas de sus pies, sus manos y la terrible lanzada de tu divino hijo y los transforma en triunfo de vida y resurrección, me quedo contigo
Y porque eres Cruz de Guía, principio y fin como señal de amor, sacramento que abre y cierra la vida, me quedo contigo.
Y porque eres camarera y mantilla, mujer y madre dispuesta a darlo todo sin esperar nunca nada a cambio, me quedo contigo
Y porque eres penitente y nazareno, vía crucis disciplinante, oración en la calle y plegaria en interna soledad, me quedo contigo.
Y porque eres costalero, cirineo invisible de la cruz de la pasión, columna firme que no desfallece ante la adversidad y el sufrimiento, me quedo contigo.
Porque eres principio y fin, norte y guía de nuestras vidas, y madre a quien yo quiero, Virgen de la Alhambra yo siempre me quedare contigo.

He dicho.


EDUARDO SALAMANCA
Granada, 25 de marzo de 2012
Día de la Encarnación de la Virgen

VOLVER
















CASA DE HERMANDAD: Placeta San Gil, nº 10-1º A. 18010 GRANADA | secretaria@cofradiaalhambra.es

Regresar a contenido | Regresar al menu principal